En las calles de Roma, el Papa eligió el paso lento y visible de una caminata para recordar una verdad antigua: que la autoridad no se ejerce solo desde los palacios, sino también desde la proximidad. Al recorrer la ciudad junto a los líderes de su diócesis, el obispo de Roma reafirmó que los vínculos institucionales de la Iglesia no son meros trámites administrativos, sino el tejido vivo que sostiene a una comunidad de siglos.