En una cultura que promete el amor como plenitud, el psicoanalista Gabriel Rolón ofrece una lectura más austera y honesta: la mayoría de las personas permanecen en vínculos que no elegirían libremente, sostenidas no por el deseo sino por el miedo a enfrentar la soledad que, paradójicamente, ya habitan. Su reflexión no es un diagnóstico de fracaso, sino una invitación a reconocer que el deseo, la falta y la conciencia de la finitud no son obstáculos en la vida humana, sino su materia misma.