En las profundidades donde la luz nunca alcanza, un robot submarino se topó con uno de los seres más esquivos del planeta: un calamar de aleta grande que apenas setenta veces ha sido visto por ojos humanos. El encuentro, ocurrido a más de tres kilómetros bajo el Pacífico frente a California, no fue buscado sino hallado por azar mientras los científicos investigaban otra cosa, recordándonos que el océano profundo guarda secretos que la tecnología apenas comienza a rozar. Este avistamiento número setenta no cierra ningún misterio, sino que abre la pregunta más antigua de la exploración: ¿cuánto