Cuando un teléfono es robado, lo que se pierde no es solo un objeto: se abre una puerta hacia la identidad digital de su dueño. Los expertos en ciberseguridad de ESET advierten que existe una ventana de apenas quince minutos para cerrar esa puerta antes de que el daño se vuelva irreversible. Desde Gmail hasta WhatsApp, cada aplicación conectada al dispositivo perdido representa una vulnerabilidad activa que puede ser neutralizada con los pasos correctos y la calma suficiente para ejecutarlos.