En apenas dos años, Revolut ha pasado de ser un nombre desconocido para la mayoría de los españoles a convertirse en el cuarto banco del país, con siete millones de clientes y un ritmo de crecimiento que desafía la lógica de la banca tradicional. Este ascenso no es solo una historia de tecnología o precio: es el reflejo de un cambio generacional en la manera en que las personas conciben su relación con el dinero. La pregunta que ahora flota sobre el sector no es si los bancos digitales han llegado para quedarse, sino hasta dónde están dispuestos a llegar.