En Puerto Príncipe, el intento de Haití por construir elecciones con cimientos legítimos ha revelado una fractura profunda entre la aspiración democrática y la realidad de sus partidos políticos. La Oficina de Identificación descubrió que la mayoría de las 320 organizaciones que buscaban competir recurrieron a registros defectuosos o inconsistentes para cumplir el requisito de 30 mil afiliados, dejando en pie apenas a 21 de ellas. Este episodio no es solo una irregularidad administrativa: es el retrato de un sistema político que aún lucha por anclar su legitimidad en la ciudadanía real.