En la larga búsqueda humana por calmar la mente sin recurrir a lo externo, la ciencia confirma lo que muchas tradiciones intuían: respirar despacio y desde el abdomen reduce, con modestia pero con consistencia, la ansiedad percibida. Un metaanálisis de 2023 reunió veinte ensayos clínicos y encontró un efecto pequeño pero real, suficiente para justificar la práctica como apoyo cotidiano. No es una cura, sino una herramienta accesible que encaja dentro de un cuidado más amplio, y que recuerda que el cuerpo y la mente comparten el mismo aliento.