En la madrugada del 21 de septiembre, dos de las plataformas digitales más habitadas del planeta —Facebook e Instagram— cerraron sus puertas de forma simultánea ante millones de usuarios en todo el mundo. Lo que comenzó como una queja aislada se convirtió rápidamente en un coro global, recordándonos cuán profundamente entretejidas están estas redes en la vida cotidiana, comercial y afectiva de las personas. Meta, la empresa que sostiene este vasto ecosistema, guardaba silencio mientras la incertidumbre crecía.