En los mercados financieros globales de septiembre de 2026, los rendimientos de los bonos escalan de forma generalizada, evocando los fantasmas de la turbulencia de 2022, mientras las bolsas permanecen en una calma que desafía la lógica histórica. Esta desconexión entre la renta fija y la renta variable refleja la incertidumbre colectiva ante las inminentes decisiones de la Reserva Federal, el BCE y el Banco de Japón. En el fondo, los mercados están preguntando lo que siempre preguntan en los umbrales de cambio: ¿quién pagará el precio del equilibrio?