Reino Unido se prepara para tercera ola por variante Delta mientras Europa endurece fronteras

La variante Delta incrementa el riesgo de hospitalización, aunque no provoca síntomas diferentes a los del COVID-19 convencional.
Una carrera entre vacunación y la tercera ola que nadie sabía quién ganaría
El asesor británico reconoció que el ritmo de inmunización competía directamente contra la propagación acelerada de Delta.

A mediados de junio de 2021, Europa volvía a mirar con inquietud hacia el horizonte: la variante Delta, nacida en India con una transmisibilidad sin precedentes, había tomado el control del 90% de los contagios en Reino Unido y empujaba al continente hacia una tercera ola que nadie deseaba pero que pocos podían evitar. En el fondo, la pregunta no era si Delta se extendería, sino si la vacunación llegaría a tiempo para amortiguar el golpe. Gobiernos de toda Europa, desde Bélgica hasta Portugal, comenzaban a cerrar puertas y acortar horarios, conscientes de que la carrera entre la ciencia y el virus aún no tenía ganador.

  • La variante Delta, hasta un 60% más transmisible que la cepa original británica, ya dominaba el 90% de los nuevos contagios en Reino Unido, con más de diez mil positivos diarios marcando el inicio de una tercera ola confirmada.
  • La eficacia de una sola dosis de vacuna se desplomaba del 70% al 30% frente a Delta, convirtiendo la administración de segundas dosis en una urgencia de Estado para proteger a los más vulnerables.
  • Boris Johnson retrasó cuatro semanas el levantamiento de restricciones, manteniendo discotecas cerradas, aforos limitados y reuniones interiores restringidas mientras el virus ganaba terreno.
  • Bélgica anunció el cierre de fronteras a viajeros no comunitarios procedentes del Reino Unido y 26 países más a partir del 27 de junio, en uno de los cierres fronterizos más amplios desde el inicio de la pandemia.
  • España aceleraba la administración de segundas dosis de AstraZeneca en comunidades como Andalucía y Madrid, apostando por la vacunación completa como única defensa real ante la velocidad de propagación de Delta.

A mediados de junio de 2021, el Reino Unido enfrentaba una realidad que muchos esperaban haber dejado atrás: la variante Delta, detectada meses antes en India, ya representaba el 90% de los nuevos contagios y los positivos diarios volvían a superar los diez mil. Adam Finn, asesor del Gobierno británico, reconoció sin ambages que la tercera ola estaba «definitivamente en camino», aunque intentaba encontrar cierto alivio en que los contagios no se aceleraban más rápido de lo temido.

Lo que verdaderamente inquietaba a los funcionarios era la carrera entre vacunación y propagación. Delta, una mutación de doble cambio genético hasta un 60% más transmisible que la cepa británica original, reducía drásticamente la protección de una sola dosis vacunal: del 70% al 30%. Aunque no generaba síntomas distintos al COVID-19 convencional, sí elevaba el riesgo de hospitalización, lo que convertía la administración de segundas dosis —especialmente entre los mayores— en una prioridad urgente.

Boris Johnson optó por la cautela: retrasó cuatro semanas el anuncio de nuevas flexibilizaciones, fijando el 19 de julio como fecha mínima. Mientras tanto, Inglaterra mantuvo las discotecas cerradas, los aforos limitados en espacios públicos y las reuniones interiores restringidas a seis personas o dos familias.

En el resto de Europa, los movimientos fueron igualmente defensivos. Portugal prohibió los desplazamientos hacia y desde el área metropolitana de Lisboa durante los fines de semana y ordenó el cierre anticipado de bares y cafeterías. Bélgica fue más contundente: a partir del 27 de junio, cerraría sus fronteras a viajeros no comunitarios procedentes del Reino Unido y otros 26 países, entre ellos siete naciones latinoamericanas. Los expertos proyectaban que Delta sería la variante dominante en toda Europa para el otoño, y los gobiernos comenzaban a actuar en consecuencia.

En España, comunidades como Andalucía y Madrid aceleraban la administración de segundas dosis de AstraZeneca, reconociendo que la vacunación completa era, por el momento, la única defensa real en una competencia cuyo desenlace aún estaba por escribirse.

A mediados de junio de 2021, el Reino Unido enfrentaba una realidad incómoda: la variante Delta, detectada meses antes en India, había llegado para quedarse. Ya representaba el 90 por ciento de los nuevos contagios en el país, y los números diarios de positivos volvían a superar los diez mil casos. Era el regreso de una cifra que muchos creían haber dejado atrás.

Adam Finn, asesor del Gobierno británico, no andaba con rodeos. La tercera ola estaba «definitivamente en camino», reconoció, aunque intentaba mantener cierta compostura al señalar que al menos los contagios no se aceleraban más rápido de lo temido. Pero lo que realmente preocupaba a los funcionarios era más fundamental: existía una carrera contra el tiempo entre el ritmo de vacunación —especialmente para administrar las segundas dosis a los mayores— y la velocidad con que Delta se propagaba entre la población. Era una competencia que nadie sabía quién ganaría.

La variante en cuestión era particularmente inquietante. Detectada a finales de 2020 en India, se trataba de una mutación de doble cambio genético que resultaba hasta un 60 por ciento más transmisible que la cepa británica original. Estudios preliminares sugerían que no solo se propagaba con mayor facilidad, sino que también era más difícil de neutralizar con los anticuerpos generados por las vacunas. De hecho, la protección ofrecida por una sola dosis caía dramáticamente: del 70 por ciento al 30 por ciento. Aunque no causaba síntomas diferentes a los del COVID-19 convencional, sí aumentaba el riesgo de hospitalización.

Borís Johnson, primer ministro británico, había expresado su «seria preocupación» por el aumento de infecciones días antes. Pero cuando llegó el momento de anunciar nuevas medidas para flexibilizar las restricciones, decidió esperar. El anuncio se retrasaría cuatro semanas, hasta el 19 de julio como mínimo. Mientras tanto, Inglaterra mantendría las discotecas cerradas, limitaría el aforo en eventos deportivos, pubs, restaurantes y cines, y seguiría restringiendo las reuniones en interiores a un máximo de seis personas o dos familias que vivieran juntas.

En el resto de Europa, otros gobiernos también se movían. Portugal, enfrentando un aumento de casos en el área metropolitana de Lisboa, prohibió los desplazamientos hacia y desde esa zona durante el fin de semana. Además, ordenó que bares y cafeterías cerraran a las 22:30 horas, una medida que amenazaba con paralizar nuevamente la recuperación del sector hostelero que apenas comenzaba a respirar.

Bélgica fue más drástica. El gobierno anunció que a partir del 27 de junio prohibiría la entrada de viajeros no ciudadanos de la Unión Europea procedentes del Reino Unido y de otros 26 países. La lista incluía a Georgia como único otro país europeo, pero también a siete naciones latinoamericanas: Bolivia, Paraguay, Chile, Uruguay, Colombia, Argentina y Perú. Sudáfrica, India y Brasil ya estaban sometidos a restricciones similares. Era un cierre de fronteras sin precedentes en escala, impulsado por la amenaza de una variante que los expertos proyectaban sería dominante en toda Europa para el otoño.

Mientras tanto, en España, algunas comunidades autónomas como Andalucía y Madrid aceleraban la administración de segundas dosis de AstraZeneca, intentando ganar tiempo en esa carrera contra Delta. Era un movimiento táctico, un reconocimiento de que la vacunación completa era la única defensa real contra una variante que se propagaba con una velocidad que los sistemas de salud europeos apenas podían seguir.

La tercera ola está definitivamente en camino, aunque los casos no están subiendo más rápido
— Adam Finn, asesor del Gobierno británico
Existe una carrera entre el programa de vacunación y la tercera ola de Delta que está acelerando los contagios
— Adam Finn
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué el Reino Unido decidió esperar cuatro semanas para anunciar nuevas medidas si la tercera ola ya estaba en camino?

Model

Fue una decisión extraña. Johnson sabía que Delta estaba acelerando, pero optó por mantener el curso. Quizá pensó que cuatro semanas más de datos le darían más claridad, o tal vez no quería cancelar los planes de reapertura que ya había anunciado. De cualquier forma, fue un cálculo de riesgo que dejó al país en una especie de limbo.

Inventor

¿Qué tan grave era realmente la caída en la eficacia de las vacunas contra Delta?

Model

Dramática. Una sola dosis pasaba de proteger al 70 por ciento a apenas el 30 por ciento. Eso significaba que millones de personas que creían estar protegidas de repente no lo estaban. Era el motivo por el que España y otros países aceleraban las segundas dosis. Era una carrera literal contra el tiempo.

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¿Por qué Bélgica cerró las fronteras específicamente a Reino Unido y a países latinoamericanos?

Model

Porque Delta estaba fuera de control en el Reino Unido —el 90 por ciento de los casos— y porque algunos países latinoamericanos también reportaban brotes. Bélgica intentaba contener lo que veía como focos de propagación. Era una estrategia defensiva, aunque probablemente llegaba tarde.

Inventor

¿Qué significaba que Delta fuera una variante de «doble mutación»?

Model

Que el virus había cambiado en dos lugares diferentes de su código genético. Eso la hacía más transmisible y más resistente a los anticuerpos. No era solo un cambio cosmético; era una versión mejorada del virus desde el punto de vista de su capacidad de propagación.

Inventor

¿Creían los gobiernos que podrían contener Delta con estas medidas?

Model

Probablemente no en el fondo. Sabían que era la variante dominante para el otoño. Las restricciones fronterizas eran más un gesto de control que una solución real. Lo que realmente importaba era la velocidad de vacunación, y eso era lo que mantenía despierto a Adam Finn por las noches.

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