Regulador mexicano exige solidez a sofipos tras insolvencias recientes

Más de un millón de clientes de CAME fueron afectados por la intervención y liquidación de la institución.
Crecer importa, pero crecer con solidez es aún más importante
El regulador mexicano enfatizó que el crecimiento sin estabilidad institucional no es sostenible para el sector de sofipos.
Mark

¿Por qué el regulador está siendo tan duro con las sofipos justo ahora? ¿Qué cambió?

Mimi

Tres instituciones colapsaron en poco tiempo. CAME tenía más de un millón de clientes cuando fue intervenida. Eso no es un accidente aislado; es un patrón.

Luke

Pero espera. ¿Sabemos por qué colapsaron? ¿Fue mala gestión, fraude, o simplemente modelos de negocio que no funcionaban?

Mimi

El regulador dice que fue incumplimiento de capitalización. Eso significa que no tenían suficientes reservas para cubrir sus pérdidas.

Mark

¿Y eso afectó a los clientes? ¿Perdieron dinero?

Mimi

El fondo de protección Prosofipo cubrió a los depositantes, pero tuvo que ser recapitalizado con aportaciones extraordinarias de todo el sector. Así que sí, hubo un costo, pero fue absorbido por el sistema.

Luke

Entonces los clientes de CAME fueron protegidos, pero otros clientes de otras sofipos tuvieron que pagar indirectamente a través de las contribuciones de sus instituciones. ¿Es así?

Mimi

Exactamente. Es un sistema de mutualización del riesgo.

Mark

¿Las nuevas regulaciones van a prevenir que esto vuelva a pasar?

Mimi

Eso es lo que esperan. Nuevas reglas en capitalización, gestión de riesgo, liquidez. Pero no entran en vigor completamente hasta 2027.

Luke

Así que tenemos dos años más de transición. ¿Hay riesgo de que otro colapso ocurra antes de que las nuevas reglas estén completamente en vigor?

Mimi

Es posible. El sector está siendo monitoreado más de cerca, pero el riesgo sistémico no desaparece de la noche a la mañana.

  • Tres sofipos han perdido su autorización de operación en los últimos años por no cumplir requisitos mínimos de capitalización, una señal de que el problema no es aislado sino estructural.
  • El colapso de CAME fue tan devastador que agotó el fondo Prosofipo y obligó a todo el sector a realizar aportaciones extraordinarias para recapitalizarlo, socializando el costo del fracaso de unos pocos.
  • El regulador Ángel Cabrera Mendoza no llegó a consolar sino a exigir: señaló deficiencias concretas en gestión de activos, controles internos y procesos preventivos que debieron haber evitado estos colapsos.
  • El sector responde con una mezcla de reconocimiento y ambición: admite el trabajo pendiente en riesgos, pero ya mira hacia pagos digitales y nuevas figuras regulatorias como el comisionista de base digital.
  • Las nuevas regulaciones en capitalización, liquidez y gestión de riesgo se implementarán gradualmente hasta 2027, convirtiendo ese año en el verdadero examen de si el sector escuchó o solo asintió.

En el corazón de Querétaro, el regulador financiero mexicano convocó a las sociedades financieras populares a una rendición de cuentas que va más allá de los números: el crecimiento, sin la solidez que lo sostenga, se convierte en una promesa que tarde o temprano alguien más paga. Tras el colapso de instituciones como CAME —que dejó a más de un millón de depositantes en la incertidumbre y agotó el fondo colectivo de protección del sector— la CNBV ha trazado una línea clara entre la ambición legítima y la negligencia institucional. El mensaje no es de pánico, sino de exigencia: el sector tiene hasta 2027 para demostrar que aprendió la lección.

Durante la 11ª Convención de la Asociación Mexicana de Sofipos, celebrada en San Juan del Río, Querétaro, el presidente de la CNBV, Ángel Cabrera Mendoza, entregó un mensaje sin ambigüedades: el crecimiento que no va acompañado de solidez institucional ya no es una opción viable para el sector. El contexto lo hacía inevitable. En años recientes, tres instituciones —Auxi, CAME y Acción y Evolución— perdieron sus autorizaciones por incumplir los requisitos mínimos de capitalización.

El caso de CAME fue el más grave. La institución llegó a atender a más de un millón de clientes antes de que su deterioro operativo forzara una intervención regulatoria. Su liquidación consumió los recursos del Prosofipo, el fondo de protección que el propio sector financia, y el daño fue tan profundo que requirió aportaciones extraordinarias de todas las sofipos para restablecer su capacidad. Cabrera Mendoza señaló sin rodeos las fallas pendientes: gestión deficiente de activos, ausencia de controles internos robustos y procesos preventivos que nunca funcionaron como debían.

Desde el lado del sector, Marlene Garayzar, presidenta de la Asociación Mexicana de Sofipos y cofundadora de Stori, reconoció el trabajo pendiente pero defendió la viabilidad del modelo. El año anterior, dijo, estuvo marcado por esfuerzos para hacer el sector más resiliente. Ahora, el horizonte apunta hacia una segunda fase: expansión controlada en pagos digitales y nuevas figuras como el comisionista de base digital, que permitiría llegar a más usuarios sin los costos de una institución de depósito tradicional.

Las nuevas regulaciones en capitalización, liquidez y gestión de riesgo ya están en marcha, con implementación gradual hasta 2027. Ese año se convertirá en el verdadero indicador de si el sector transformó las palabras del regulador en cambios reales, o si la historia de los colapsos está condenada a repetirse.

En San Juan del Río, Querétaro, el regulador financiero mexicano enfrentó directamente a las sociedades financieras populares con un mensaje claro: el crecimiento sin solidez es un lujo que el sector ya no puede permitirse. Ángel Cabrera Mendoza, presidente de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, pronunció esas palabras durante la 11ª Convención de la Asociación Mexicana de Sofipos, una reunión que ocurría en el contexto de un sector sacudido por colapsos institucionales que han dejado cicatrices profundas en la confianza de los depositantes.

Los números cuentan una historia de negligencia y riesgo mal gestionado. En los últimos años, la CNBV ha revocado las autorizaciones de operación de tres instituciones por no cumplir con los requisitos mínimos de capitalización: Auxi en 2023, Consejo de Asistencia al Microemprendedor en 2025, y Acción y Evolución hace apenas días. Pero el caso de CAME es el que ha dejado la huella más profunda. La institución llegó a servir a más de un millón de clientes antes de que sus problemas operativos obligaran a una intervención regulatoria. Su posterior liquidación consumió recursos significativos del Prosofipo, el fondo de protección que las propias sofipos financian con sus contribuciones. El daño fue tan grave que requirió aportaciones extraordinarias de todo el sector para recapitalizar el fondo de protección.

Cabrera Mendoza fue directo en sus críticas. Señaló que el sector enfrenta desafíos pendientes en áreas fundamentales: mejorar la gestión de activos, asegurarse de que esos activos generen valor económico real, y fortalecer los controles internos y los procesos preventivos que debieron haber evitado estos colapsos en primer lugar. No fue un discurso de alarma, sino de exigencia. El regulador estaba diciendo, sin ambigüedad, que el modelo anterior no funcionó.

Del lado de las instituciones, la respuesta fue de reconocimiento pero también de cautela. Marlene Garayzar, cofundadora de la fintech Stori y presidenta de la Asociación Mexicana de Sofipos, admitió que el sector tiene trabajo pendiente en gestión de riesgos. Pero también defendió la viabilidad del modelo: el año anterior, dijo, dedicaron gran parte de su agenda regulatoria a hacer el sector más resiliente. Su mensaje fue que quieren crecer, innovar y encontrar nuevas oportunidades de negocio, pero que esa expansión debe construirse sobre instituciones que inspiren confianza, no sobre promesas frágiles.

La respuesta regulatoria ya está en marcha. Las autoridades han emitido nuevas regulaciones en capitalización, gestión de riesgo, registros contables y liquidez. Algunos cambios ya están en vigor; otros deberán implementarse antes de 2027. Garayzar señaló que el sector está listo para una segunda fase de la conversación regulatoria, una que vaya más allá de la estabilización hacia la expansión controlada.

Esa expansión tiene objetivos claros. Las sofipos buscan aumentar su participación en el ecosistema de pagos mexicano, una arena donde históricamente han tenido presencia limitada. También ven oportunidades en la figura de comisionista de base digital, una categoría regulatoria que podría permitirles distribuir productos y servicios a un público más amplio sin los costos operativos de una institución de depósito tradicional. Es un camino hacia la relevancia sin los riesgos sistémicos que casi destruyeron el sector hace poco.

Lo que queda sin resolver es si las nuevas regulaciones serán suficientes para prevenir el siguiente colapso, o si el sector necesitará cambios más profundos en su estructura de gobernanza y supervisión. Los reguladores han hablado. Ahora el sector tiene hasta 2027 para demostrar que escuchó.

Queremos crecer y encontrar nuevas oportunidades de negocio, pero necesitamos hacerlo sobre instituciones sólidas. Queremos innovar, pero esa innovación tiene que generar confianza
— Marlene Garayzar, presidenta de la Asociación Mexicana de Sofipos
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