En La Habana, mientras la asfixia económica y el bloqueo estadounidense reducen el acceso a medicamentos y alimentos básicos, un hombre llamado Amado Riol ha convertido su hogar en el corazón de una red solidaria que conecta a cubanos de quince países con familias vulnerables en la isla. El proyecto «A Cuba hay que quererla», nacido en la pandemia, encarna una vieja verdad humana: que las comunidades encuentran formas de sobrevivir cuando el Estado y el mercado fallan, tejiendo puentes invisibles de generosidad entre desconocidos. Hoy, esa red libra su batalla más urgente: conseguir valproato
Red solidaria «A Cuba hay que quererla» teje apoyo comunitario ante crisis económica
Niños con epilepsia, cáncer y otras enfermedades crónicas carecen de medicamentos esenciales; familias sin recursos para educación y necesidades básicas dependen de la red solidaria para sobrevivir.