En julio de 2026, 1,7 millones de argentinos adquirieron US$ 3.319 millones en divisas, marcando el pico mensual del año y reviviendo una memoria colectiva de desconfianza en la moneda propia. Este movimiento masivo hacia el dólar no es un capricho sino una estrategia de supervivencia financiera arraigada en décadas de inestabilidad, y ocurre en un momento en que el país exporta a niveles históricos pero ve evaporarse ese superávit en el pago de deudas, remesas y servicios. La Argentina vuelve a ilustrar una paradoja que la define: generar riqueza en divisas y, al mismo tiempo, no poder retene