En la era digital, la cocina ha dejado de ser un arte transmitido por tradición para convertirse en un fenómeno colectivo moldeado por algoritmos. El Comidista somete a prueba cinco recetas de aperitivos virales —desde aceitunas rebozadas hasta chips de surimi— para interrogar una verdad incómoda de nuestro tiempo: que lo que comemos ya no lo dictan los chefs ni las abuelas, sino las pantallas. Este ejercicio, publicado en El País, es menos una guía gastronómica que un espejo sobre cómo las redes sociales han redefinido el significado mismo de una buena receta.