Con la llegada de septiembre y el regreso a la rutina laboral, la cocina de conservas emerge como un arte discreto y poderoso: transformar una lata en un almuerzo digno, sabroso y cargado de historia. Cuatro recetas —dos de pasta y dos ensaladas— demuestran que la calidad no está reñida con la sencillez, y que el táper puede ser, también, un acto de cuidado propio.