En el eterno ciclo del fútbol, donde los resultados y las actuaciones rara vez caminan de la mano, el Real Valladolid sumó tres puntos ante el FC Andorra con un marcador de 1-0 que dijo más sobre la resiliencia que sobre la brillantez. El técnico Fran Escribá, consciente de que la victoria fue más un salvavidas que una declaración de intenciones, enfrenta ahora la tarea universal de todo líder: convertir el alivio del triunfo en la disciplina de la constancia.