En el Estadio Santiago Bernabéu, el Real Madrid inició su camino en la Champions League femenina con un empate a uno ante el París Saint-Germain, resultado que refleja una vieja tensión del deporte: la distancia entre el mérito y la recompensa. El equipo madrileño generó ocasiones, rozó la victoria con un remate en el palo, pero la fortuna guardó silencio en los momentos que más importaban. Este debut sitúa al club blanco ante la pregunta que define toda temporada europea: ¿será suficiente el esfuerzo para desafiar la hegemonía del Barcelona, árbitro histórico de esta competición?