En el Sánchez Pizjuán, el Barcelona encontró en la adversidad el espejo de su propia madurez. Tras una primera parte en la que el Sevilla impuso su ley física y táctica, el equipo de Flick se rehízo en el descanso y, guiado por la inspiración de Raphinha —doce goles en siete jornadas—, consumó una remontada que habla tanto de resiliencia colectiva como de genio individual. La victoria, séptima consecutiva en Liga, sitúa al Barcelona en lo más alto de la tabla en un momento en que el liderato se defiende también con carácter.