Hace noventa y seis años, en las calles de La Habana, una bala policial apagó la vida de Rafael González Trejo, estudiante de Derecho de veintitrés años que soñaba con defender a los pobres y ver a Cuba libre. Su muerte, el treinta de septiembre de 1930 durante una manifestación contra la dictadura de Gerardo Machado, no fue el fin de su historia sino su comienzo eterno: la juventud que cae por una causa justa rara vez muere del todo. Trejo entró en la historia de Cuba no como el abogado que quiso ser, sino como el mártir que una tiranía fabricó sin quererlo.
Rafael González Trejo: 96 años de su martirio estudiantil contra Machado
Voy a sacrificarlo todo por verla como quiso Martí
¿Por qué importa tanto la historia de Trejo ahora, noventa y seis años después?
Porque fue el primero. Fue el primer estudiante asesinado por la policía de Machado en una manifestación. Su muerte marcó un punto de quiebre en la resistencia estudiantil.
Pero tenemos que ser precisos: ¿fue realmente el primero, o simplemente el más documentado? El artículo no dice explícitamente que fue la primera muerte estudiantil.
Tienes razón. Lo que sí sabemos es que su muerte ocurrió durante una represión masiva, con ametralladoras emplazadas y todo un aparato de represión desplegado.
¿Qué lo hacía diferente de otros estudiantes? ¿Por qué su muerte resonó tanto?
Era brillante, era carismático, era vicepresidente de la asociación estudiantil. Pero también era joven, tenía solo veintitrés años, y sus aspiraciones eran claras: quería defender a los pobres.
El artículo cita una frase que alguien le habría dicho: "Vas a entrar en la historia de Cuba". ¿Quién dijo eso? ¿Cuándo? Eso es importante para entender si fue profecía o construcción posterior.
Es una buena pregunta. El texto no lo especifica. Podría haber sido dicho antes de su muerte, o podría ser una construcción narrativa posterior.
¿Qué pasó con los otros estudiantes que estaban en esa manifestación? ¿Cuántos murieron?
El artículo no lo dice. Menciona a Pablo de la Torriente Brau herido, a Juan Marinello detenido, a Pepitín Leyva en la azotea con Trejo. Pero no hay cifras de muertos totales.
Eso es un vacío importante. Una manifestación con ametralladoras emplazadas probablemente resultó en más de una muerte. El enfoque en Trejo es comprensible, pero deja sin respuesta cuántas otras personas murieron ese día.
¿Cómo sabemos los detalles de lo que pasó en esa azotea, en ese enfrentamiento cuerpo a cuerpo?
Probablemente de testimonios de otros estudiantes que estaban allí, o de relatos posteriores. Raúl Roa, su amigo, vivió muchos años después y pudo haber documentado estos detalles.
Pero el artículo no cita fuentes específicas para esos detalles. Sabemos que sucedieron, pero no sabemos exactamente cómo se preservó esa información.
The Pulse
- El régimen de Machado desplegó ametralladoras, batallones y escuadrones para aplastar una manifestación estudiantil que marchaba hacia el Palacio Presidencial, convirtiendo las calles de La Habana en un campo de represión.
- Trejo, lejos de huir, subió a una azotea a enfrentar a los agentes y luego se enredó cuerpo a cuerpo con un policía en la esquina de San Lázaro e Infanta, donde cayó desangrado sobre el pavimento.
- Junto a él cayeron heridos o detenidos otros líderes estudiantiles como Pablo de la Torriente Brau y Juan Marinello, revelando la magnitud de la violencia estatal contra una generación entera.
- Trasladado al Hospital de Emergencias y sometido a una operación de riesgo, Trejo murió a las nueve y cincuenta de la noche, cerrando en pocas horas el arco de una vida de apenas veintitrés años.
- Su sacrificio transformó la protesta en martirio y al estudiante en símbolo, acelerando la memoria colectiva que convertiría su nombre en bandera de la resistencia cubana contra la tiranía.
Hace noventa y seis años, en las calles de La Habana, una bala policial apagó la vida de Rafael González Trejo, estudiante de Derecho de veintitrés años que soñaba con defender a los pobres y ver a Cuba libre. Su muerte, el treinta de septiembre de 1930 durante una manifestación contra la dictadura de Gerardo Machado, no fue el fin de su historia sino su comienzo eterno: la juventud que cae por una causa justa rara vez muere del todo. Trejo entró en la historia de Cuba no como el abogado que quiso ser, sino como el mártir que una tiranía fabricó sin quererlo.
Rafael González Trejo era, antes que mártir, un joven extraordinario. Se graduó de bachiller a los diecisiete años con las más altas calificaciones, habló inglés con fluidez, tocó violín y piano, cantó con voz de barítono y compitió como nadador y remero. Cuando en 1927 ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, le confió a su amigo Raúl Roa un sueño sencillo y enorme: quería defender a los pobres y los perseguidos, y estaba dispuesto a sacrificarlo todo por ver a Cuba como la había soñado José Martí.
Desde sus primeros meses en la universidad, Trejo canalizó esa fe hacia la acción. Participó en la resistencia contra los carteles de propaganda del régimen, fue expulsado transitoriamente junto a otros doce estudiantes, hizo desaparecer una placa que enaltecía a Machado y fue elegido vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de Derecho. Desde ese cargo conspiró, redactó manifiestos y organizó a la masa estudiantil que exigía la renuncia del dictador.
El treinta de septiembre de 1930, el movimiento convocó una manifestación en el parque Alfaro con destino al Palacio Presidencial. El régimen respondió con un despliegue brutal: ametralladoras en puntos estratégicos, batallones del ejército y escuadrones acuartelados en Columbia. Aun así, estudiantes y pueblo se concentraron. Trejo subió a una azotea a lanzar piedras contra los agentes; cuando la policía cargó violentamente escalinata abajo, él se enredó cuerpo a cuerpo con un policía en la esquina de San Lázaro e Infanta. Sonó una descarga. Felo, como lo llamaban, se derrumbó sobre el pavimento.
Murió esa misma noche en el Hospital de Emergencias, a las nueve y cincuenta. No llegó a ser el abogado que soñaba. Pero alguien, en algún momento, le había dicho que el treinta de septiembre entraría en la historia de Cuba. Noventa y seis años después, la profecía sigue cumpliéndose.
Rafael González Trejo tenía veintitrés años cuando la policía de Gerardo Machado lo mató en las calles de La Habana. Fue el treinta de septiembre de 1930, en una manifestación que había comenzado en el parque Alfaro con la intención de marchar hacia el Palacio Presidencial. Trejo murió desangrado en la esquina de San Lázaro e Infanta, tras enfrentarse cuerpo a cuerpo con un policía durante la carga violenta que dispersó a los manifestantes. Lo trasladaron al Hospital de Emergencias, donde fue sometido a una operación de riesgo. Falleció a las nueve y cincuenta de la noche.
Antes de convertirse en mártir, Trejo había sido un estudiante excepcional. Se graduó de bachiller a los diecisiete años, después de cursar sus primeros estudios en la escuela pública número cuarenta y seis, luego en el Colegio Belén con notas brillantes, y finalmente en el Instituto de La Habana con las más altas calificaciones. En mil novecientos veintisiete se matriculó en la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana. Allí conoció a Raúl Roa, quien lo recordaría años después como un joven de pelo lustroso, tez trigueña, bigote mongol, torso amplio y musculatura ágil. Fue en esos primeros días cuando Trejo le confió a Roa sus aspiraciones: quería defender algún día a los pobres y los perseguidos, y estaba dispuesto a sacrificarlo todo por ver a Cuba como la había querido José Martí.
Trejo era más que un estudiante de leyes. Era atleta, nadador, remero y ajedrecista. Hablaba inglés con fluidez, tocaba violín y piano, y cantaba con voz de barítono. Disfrutaba tanto de la música culta como de la popular callejera, de los bailes y de las rivalidades amorosas que caracterizan a la juventud. Era optimista, saludable, fuerte, y tenía fe en el porvenir. Pero desde el momento en que ingresó a la universidad, esa fe se canalizó hacia la acción política.
Apenas tres meses después de matricularse, el nueve de noviembre de mil novecientos veintisiete, se llevó a cabo un consejo disciplinario contra cincuenta estudiantes acusados de derribar carteles de propaganda que el régimen había colocado en las obras de construcción de la Escalinata. La juventud enardecida forzó las puertas del edificio de la Escuela de Química e impidió que se efectuara el consejo. Trejo estaba allí. Él y doce estudiantes más fueron expulsados transitoriamente esa misma tarde, mientras que más de seiscientos quedaron sujetos a procedimientos disciplinarios. Tiempo después, junto con otros compañeros, Trejo hizo desaparecer la placa de la Escuela de Derecho que enaltecía al régimen. En las elecciones universitarias de ese año fue elegido vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Derecho, desde donde canalizó las aspiraciones de la masa estudiantil y conspiró clandestinamente contra el tirano.
La actividad revolucionaria se intensificó. Se realizaban reuniones clandestinas, se redactaban manifiestos, proclamas y arengas. El estudiantado exigía la rehabilitación de los compañeros expulsados y la renuncia inmediata de Machado. Para el treinta de septiembre se convocó a una manifestación en el parque Alfaro que marcharía hacia el Palacio Presidencial. El régimen respondió con un despliegue masivo de fuerzas: policías y batallones del ejército se prepararon para impedir la movilización, se emplazaron ametralladoras en sitios estratégicos de la ciudad, se reforzó la guarnición del Castillo de la Fuerza y los escuadrones del Tercio Táctico fueron acuartelados en el Campamento de Columbia. A pesar de todo esto, estudiantes y pueblo se concentraron en el lugar convenido.
La policía inició un movimiento envolvente. Trejo y otro estudiante llamado Pepitín Leyva subieron a la azotea del edificio Ravelo, desde donde lanzaron piedras contra los agentes. La manifestación bajó la escalinata y la policía cargó violentamente. En la confusión terrible que se produjo en la esquina de San Lázaro e Infanta, cayó herido Pablo de la Torriente Brau, quien se defendía con los puños. Juan Marinello fue detenido cuando intentaba auxiliarlo. Mientras esto sucedía, Trejo se enredó cuerpo a cuerpo con un policía. Díaz Baldoquín acudió en su ayuda tratando de arrebatarle el arma al verdugo. Sonó una descarga. Felo, como le decían cariñosamente, se derrumbó chorreando sangre sobre el pavimento regado de casquillos y manifiestos.
Su muerte no fue accidental ni fue olvidada. Alguien, en algún momento, le dijo: Te voy a poner aquí, porque tú, treinta de septiembre, vas a entrar en la historia de Cuba. Y así fue. Hace noventa y seis años, Rafael González Trejo entró en la historia, no como el abogado que soñaba ser, sino como la víctima necesaria de una tiranía que no toleraba la voz de la juventud.
Notable Quotes
Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y los perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba.— Rafael González Trejo, en conversación con Raúl Roa poco después de matricularse en Derecho