En un mundo donde los códigos QR se han vuelto tan cotidianos como los semáforos, los ciberdelincuentes han encontrado en esa misma familiaridad su mejor aliado. El llamado 'quishing' —phishing camuflado en patrones visuales— crece silenciosamente en Colombia y América Latina, aprovechando que lo que parece inofensivo rara vez se cuestiona. La amenaza no reside en la tecnología misma, sino en la confianza ciega que hemos depositado en ella.