En el ciclo eterno de las economías que avanzan y retroceden, Chile enfrenta en julio de 2026 uno de sus momentos más difíciles en tres años: una caída del 1,5% en su actividad mensual que obliga al ministro Jorge Quiroz a revisar las proyecciones oficiales de crecimiento. Lo que estaba anunciado como un punto de inflexión positivo se convierte, de pronto, en una encrucijada donde las palabras del poder deben reconciliarse con la aritmética implacable de los datos. La pregunta que subyace no es solo cuánto crecerá Chile, sino cuánta distancia existe entre el relato que un gobierno construye y