En el largo pulso entre Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las Islas Malvinas, Buenos Aires ha dado un paso deliberado: endurecer las sanciones contra las empresas que extraen hidrocarburos en aguas disputadas. El canciller Pablo Quirno presentó la medida no como gesto electoral sino como el fruto de meses de trabajo diplomático, anclado en la convicción de que restituir la soberanía y respetar a los isleños no son objetivos contradictorios. En un momento en que Washington insinúa revisar su histórica neutralidad, Argentina apuesta a que la legitimidad internacional —y el peso de V