En 1988, Stephen Hawking ofreció al mundo no una respuesta sobre qué existió antes del Big Bang, sino algo más valioso: una advertencia sobre cómo formular la pregunta. Desde las páginas de Una breve historia del tiempo, el físico británico señaló que si eventos anteriores al origen del tiempo no dejaron huella observable en el universo actual, la ciencia no tiene herramientas para alcanzarlos. Su reflexión no clausura el misterio, sino que traza con precisión la frontera entre lo desconocido y lo que es, por naturaleza, incognoscible.