En los márgenes de un cuaderno o en el revés de una nota, la mezcla de mayúsculas y minúsculas ha sido leída durante siglos como descuido o torpeza. Hoy, grafólogos y psicólogos proponen una lectura más generosa y más compleja: esos trazos irregulares son, con frecuencia, la huella visible de una mente que corre más rápido que la mano, de una personalidad que resiste —sin saberlo— las formas impuestas. Como tantos gestos humanos que parecen errores, esta pequeña irregularidad guarda, en su interior, algo que vale la pena escuchar.