En la larga historia de la península coreana como escenario de tensiones no resueltas, Pyongyang ha vuelto a trazar una línea que considera sagrada: su arsenal nuclear no es una ficha de negociación, sino una condición permanente de su existencia como Estado. Kim Yo Jong, voz del régimen, respondió a los ejercicios militares liderados por Washington con una claridad que cierra puertas antes de que alguien las toque, recordando al mundo que hay regímenes que leen la disuasión no como amenaza, sino como identidad.