En la vieja tensión entre la guerra y la paz, Vladímir Putin eligió el martes hablar en ambos idiomas a la vez: amenazó a Europa con una derrota fulminante si osaba enfrentarse a Rusia, y horas después abrió las puertas del Kremlin a los emisarios de Donald Trump para explorar una salida al conflicto ucraniano. Esta dualidad —la mano que empuña y la que tiende— revela la lógica de presión con la que Moscú navega un momento en que el mundo busca, sin certezas, el camino hacia el fin de una guerra que ya dura casi tres años.
Putin amenaza a Europa con guerra mientras negocia paz en Ucrania con enviados de Trump
Rusia está lista desde ahora mismo y terminará tan rápido que no habrá con quién negociar
¿Por qué Putin lanza estas amenazas justo antes de recibir a los emisarios de Trump? ¿No debería estar en modo negociación?
Está negociando. Las amenazas son parte de la negociación. Quiere que Trump sepa que Rusia tiene opciones, que puede actuar unilateralmente si no le gusta el acuerdo.
¿Y la amenaza de cortar el acceso de Ucrania al mar? ¿Es algo que puede hacer realmente?
Técnicamente sí. Ya controla el mar de Azov completamente. Odesa es el puerto principal que le queda a Ucrania en el mar Negro. Si Rusia lo tomara o lo bloqueara, sería devastador para la economía ucraniana.
Pero eso significaría una escalada militar importante, ¿no?
Claro. Y probablemente es por eso que lo dice ahora, mientras negocia. Es una forma de decir: esto es lo que podría pasar si no llegamos a un acuerdo que me satisfaga.
¿Cree que Trump puede presionar a Putin para que acepte un compromiso?
Trump envió a su equipo de Gaza, que logró un acuerdo allí. Pero Ucrania es diferente. Putin tiene posiciones militares en el terreno. Puede permitirse esperar. Trump quiere un acuerdo rápido. Eso le da ventaja a Putin.
¿Entonces estas negociaciones van a fracasar?
No necesariamente fracasar. Pero van a ser largas. Putin dice que algunas propuestas son "discutibles". Eso es diplomático para decir que hay espacio, pero no mucho. El verdadero trabajo empieza ahora.
Le Pouls
- Putin lanzó su advertencia más directa a Europa en meses: si el continente busca la guerra, Rusia está lista para ganarla tan rápido que no quedaría nadie con quien negociar.
- Las amenazas se extendieron al mar: tras ataques de drones ucranianos contra petroleros rusos en el mar Negro, Putin prometió cortar el acceso marítimo de Ucrania y golpear instalaciones y buques del país.
- Steve Witkoff y Jared Kushner llegaron al Kremlin horas después de las amenazas, en una reunión que se prolongó casi cinco horas y que el entorno de Putin describió como 'muy útil y constructiva'.
- Sin embargo, el resultado fue el mismo lenguaje diplomático que encubre el vacío: no hubo compromisos, algunas propuestas estadounidenses se consideraron 'discutibles', y el trabajo conjunto seguirá sin fecha ni garantías.
En la vieja tensión entre la guerra y la paz, Vladímir Putin eligió el martes hablar en ambos idiomas a la vez: amenazó a Europa con una derrota fulminante si osaba enfrentarse a Rusia, y horas después abrió las puertas del Kremlin a los emisarios de Donald Trump para explorar una salida al conflicto ucraniano. Esta dualidad —la mano que empuña y la que tiende— revela la lógica de presión con la que Moscú navega un momento en que el mundo busca, sin certezas, el camino hacia el fin de una guerra que ya dura casi tres años.
El martes, Vladímir Putin apareció ante el Foro de Inversión del banco VTB en Moscú con su retórica más combativa en meses. Respondiendo a preguntas sobre declaraciones del canciller húngaro, el líder ruso lanzó una amenaza directa a Europa: si el continente iniciaba una guerra, Rusia estaba lista para ganarla tan rápidamente que no quedaría nadie con quien negociar al otro lado. Al mismo tiempo, acusó a Bruselas de bloquear los esfuerzos de paz de la administración Trump y de vivir aún de la ilusión de poder derrotar estratégicamente a Rusia.
Las amenazas no se detuvieron ahí. Putin advirtió que Moscú tomaría medidas contra los petroleros de países que apoyaran a Ucrania, y sugirió una solución radical para frenar los ataques de drones ucranianos en el mar Negro: cortar completamente el acceso marítimo de Ucrania. El contexto era inmediato: días antes, drones ucranianos habían alcanzado dos petroleros rusos en el mar Negro, y el mismo martes otro carguero con bandera rusa fue golpeado cerca de las costas de Turquía, aunque sus trece tripulantes resultaron ilesos. Ucrania negó responsabilidad en este último incidente.
Pocas horas después de estas declaraciones, Steve Witkoff y Jared Kushner, enviado especial de Trump y su asesor respectivamente, cruzaron las puertas del Kremlin acompañados por Kiril Dimítriev, el enviado económico de Putin considerado uno de los arquitectos del nuevo plan de paz estadounidense. La reunión se extendió casi cinco horas, hasta la madrugada del miércoles.
Al terminar, el consejero presidencial Yuri Ushakov describió el encuentro como 'muy útil, constructiva, muy significativa', y Putin reconoció que Moscú podía aceptar algunos elementos del borrador discutido previamente con Kyiv en Florida. Pero la conclusión fue la misma que la semana anterior: no se encontró una opción de compromiso, algunas propuestas parecen discutibles, y el trabajo continuará sin compromisos definitivos a la vista.
Vladímir Putin se presentó el martes con su retórica más combativa, lanzando advertencias a Europa apenas horas antes de recibir en el Kremlin a los emisarios de Donald Trump para discutir un plan de paz en Ucrania. Durante su intervención en el Foro de Inversión "¡Rusia está llamando!" del banco VTB en Moscú, el líder ruso respondió a preguntas sobre declaraciones del ministro de Exteriores húngaro Peter Szijjarto con una amenaza directa: si Europa iniciaba una guerra, Rusia estaba lista desde ese mismo momento, y el conflicto terminaría tan rápidamente que no habría con quién negociar en el continente.
La postura de Putin reflejaba una estrategia de presión simultánea. Mientras acusaba a Europa de carecer de una agenda de paz y de estar del lado de la guerra, también criticaba a los países europeos por impedir que la administración Trump lograra una solución pacífica. Según su análisis, Bruselas presentaba propuestas inaceptables para Moscú y vivía aún de la ilusión de poder infligir una derrota estratégica a Rusia. En el mismo acto, Putin fue más allá: amenazó con tomar medidas contra los petroleros de países que ayudaran a Ucrania, y sugirió una solución radical para detener lo que calificaba como actos de piratería ucraniana: cortar completamente el acceso de Ucrania al mar.
Esta última amenaza tenía un contexto inmediato. El sábado anterior, un oficial de seguridad ucraniano había reportado que drones ucranianos habían alcanzado dos petroleros rusos en el mar Negro cuando se dirigían a un puerto para cargar petróleo destinado a la exportación. El martes, otro ataque con drones golpeó un carguero con bandera rusa cargado de aceite de girasol cerca de las costas de Turquía. Según la autoridad marítima turca y la agencia naviera Tribeca, los trece miembros de la tripulación resultaron ilesos, aunque Ucrania negó cualquier responsabilidad en este último incidente. Putin interpretaba estos ataques como piratería y prometía intensificar los golpes rusos contra instalaciones y buques ucranianos.
La geografía del conflicto daba peso a estas amenazas. Desde febrero de 2022, cuando comenzó la invasión, Rusia había conquistado territorios del sur y sureste de Ucrania, tomando el control total del mar de Azov. En 2014 ya se había anexionado Crimea. Sin embargo, Ucrania mantenía acceso al mar Negro a través de puertos importantes como Odesa, lo que permitía tanto el comercio como operaciones militares. Cortar ese acceso sería un golpe estratégico significativo.
Pocas horas después de estas declaraciones, Steve Witkoff y Jared Kushner, el enviado especial de Trump y su asesor y yerno respectivamente, llegaron al Kremlin. Los acompañaba Kiril Dimítriev, enviado especial de Putin para asuntos económicos, quien había estado comiendo con ellos en un restaurante de Moscú antes de dirigirse a la plaza Roja. Dimítriev escribió en X que la llegada de Witkoff marcaba un "importante día para la paz" en Ucrania, recordando que el equipo que había negociado el acuerdo de Gaza estaría ahora impulsando la agenda de paz de Trump en Ucrania. Se consideraba a Dimítriev uno de los autores del nuevo plan de paz que Estados Unidos había presentado dos semanas antes.
La reunión en el Kremlin se extendió casi cinco horas, terminando en la madrugada del miércoles. Putin estuvo acompañado por Dimítriev y Yuri Ushakov, su consejero para política internacional. Según lo que había adelantado el portavoz del Kremlin Dimitri Peskov, la conversación abordaría los temas que los estadounidenses habían discutido con representantes de Kyiv el domingo anterior en Florida, donde también había participado el secretario de Estado Marco Rubio. Tras ese encuentro, Rubio había calificado los debates como "constructivos" pero señaló que quedaba mucho por hacer.
La reunión del martes en Moscú terminó con un lenguaje similar pero que revelaba la falta de avances. Ushakov declaró entrada la madrugada que la conversación había sido "muy útil, constructiva, muy significativa" y que había permitido discutir varias formas de resolver la crisis ucraniana. Putin, por su parte, indicó que Moscú podía estar de acuerdo con algunas cosas del borrador discutido previamente entre Estados Unidos y Ucrania, pero que había aspectos criticables para el Kremlin. La conclusión de Ushakov fue que hasta ahora no se había encontrado una opción de compromiso, aunque algunas propuestas estadounidenses parecían más o menos aceptables y podían seguir siendo discutidas. El trabajo conjunto continuaría, pero sin compromisos definitivos a la vista.
Citations marquantes
La conversación fue muy útil, constructiva, muy significativa, pero hasta ahora no se ha encontrado una opción de compromiso— Yuri Ushakov, consejero de Putin para política internacional
Algunas propuestas estadounidenses parecen más o menos aceptables, se pueden discutir— Yuri Ushakov, tras la reunión en el Kremlin