En un momento en que la velocidad de los mercados globales no da tregua, la Unión Europea ha respondido con un plan de modernización industrial que reconoce, sin rodeos, que el rezago productivo del continente ya no puede ignorarse. Bruselas apuesta por transformar —no solo preservar— su base manufacturera, desde la industria avanzada hasta las tecnologías limpias, consciente de que sus rivales en Asia y América del Norte no esperan. Lo que está en juego no es únicamente la competitividad económica, sino el nivel de vida, la capacidad de innovación y el peso de Europa en el orden mundial de la