En Brasilia, el Partido de los Trabajadores desplegó una arquitectura electoral de largo alcance para sostener la reelección del presidente Lula da Silva: candidatos propios en doce estados y alianzas tejidas con cuidado en los quince restantes. La estrategia revela la complejidad de gobernar y competir al mismo tiempo, ese equilibrio frágil entre el peso del cargo y la urgencia de la campaña. El PT mira también hacia el Centrão, ese territorio político de negociaciones históricas, consciente de que las mayorías en Brasil se construyen en los márgenes y en los acuerdos que nadie celebra en púb