Bajo la apariencia de la generosidad más pura, la psicología descubre un territorio más sombrío: hay quienes no ayudan por amor al prójimo, sino para no perderse a sí mismos. El llamado síndrome del salvador revela que la compulsión de resolver problemas ajenos nace, con frecuencia, de infancias donde la supervivencia emocional dependió de ser indispensable. Lo que el mundo ve como virtud, los expertos lo leen como una herida que aún no ha encontrado nombre propio.