Psicólogos advierten: adictos al trabajo tienen dificultades para colaborar en equipo

Trabajadores con adicción laboral experimentan malestar psicológico, estrés e irritabilidad que afecta su bienestar integral y relaciones interpersonales.
Terminan trabajando solos porque los demás evitan colaborar con ellos
El aislamiento operativo que resulta cuando los compañeros se alejan de trabajadores adictos al trabajo.
Mark

¿Por qué alguien que trabaja tanto tiene problemas para trabajar con otros? Parece contradictorio.

Mimi

Porque la adicción al trabajo no es realmente sobre trabajar bien. Es sobre control. Estos trabajadores no confían en que otros hagan las cosas al nivel que ellos exigen, así que terminan asumiendo todo.

Luke

Pero espera. ¿Tenemos datos sobre cuántos trabajadores son realmente adictos al trabajo? El artículo habla de características, pero no dice cuántas personas en realidad padecen esto.

Mimi

Es un buen punto. El artículo se enfoca en lo que la psicología ha identificado como el patrón, no en prevalencia. Pero el patrón es consistente según múltiples estudios.

Mark

¿Y qué pasa con el trabajador adicto? ¿Solo sufre el equipo o él también?

Mimi

Él también sufre. El estudio de Da Coruña menciona malestar psicológico, estrés, irritación. No es que esté feliz trabajando solo.

Luke

Aquí hay algo importante: ¿es la adicción al trabajo la causa del aislamiento, o el aislamiento causa la adicción? El artículo lo presenta como si fuera claro, pero podría ser bidireccional.

Mimi

Esa es la pregunta que la psicología aún está respondiendo. Lo que sí sabemos es que cuando alguien es adicto al trabajo, el aislamiento es una consecuencia casi garantizada.

Mark

¿Qué pueden hacer las organizaciones al respecto?

Mimi

El artículo sugiere que las organizaciones deben reconocer estos patrones. Pero no ofrece soluciones específicas, solo diagnóstico.

Luke

Exacto. Sabemos cuál es el problema, pero el artículo no dice cómo tratarlo. ¿Terapia? ¿Cambios en la estructura del trabajo? ¿Límites de horas?

Mimi

Eso está fuera del alcance de este reportaje. Pero es lo que debería venir después.

  • Los adictos al trabajo no solo se agotan a sí mismos: su desconfianza y microgestión constante envenenan el ambiente de quienes los rodean.
  • Investigaciones de 2020 y estudios universitarios españoles confirman que el workaholism genera daño psicosocial real, con estrés, irritabilidad y malestar que se expanden más allá del individuo.
  • Los compañeros de trabajo terminan evitando colaborar con ellos, creando un 'aislamiento operativo' que fragmenta equipos y reduce la productividad colectiva.
  • Las organizaciones enfrentan el desafío urgente de reconocer estos patrones antes de que la cultura laboral entera se vea deteriorada por la hostilidad y la desconexión grupal.

En los espacios donde el trabajo debería ser un esfuerzo compartido, algunos individuos quedan atrapados en una compulsión que los separa de los demás: la adicción laboral. La psicología identifica en estos trabajadores —llamados workaholics— una incapacidad estructural para delegar, confiar y colaborar, convirtiendo lo que parece dedicación en una fuente de tensión colectiva. Lo que comienza como un conflicto interior termina erosionando la cohesión de equipos enteros, recordándonos que el exceso, incluso en el esfuerzo, tiene un costo humano y social.

Existe una diferencia profunda entre quien disfruta compartir conocimiento y quien está convencido de que solo él puede hacer las cosas bien. La psicología llama a este segundo perfil adicto al trabajo, o workaholic: una persona atrapada en una necesidad obsesivo-compulsiva de estar siempre ocupada laboralmente, a costa de su salud, su descanso y sus vínculos.

Los expertos son claros: estos trabajadores no solo piensan en sus tareas de manera constante, sino que enfrentan obstáculos serios para colaborar. La psicóloga Wendy L. Patrick señala que tienden a asumir tareas innecesarias a expensas del trabajo en equipo, rindiendo mejor en roles autónomos que en proyectos colectivos. Una investigación de 2020 liderada por Guido Alessandri los describió no como trabajadores inteligentes, sino como incansables, movidos por una preocupación compulsiva por su propio desempeño.

Un estudio de la Universidad de A Coruña identificó el impacto organizacional: el workaholic desconfía de sus colegas, practica microgestión permanente, carece de paciencia ante ritmos normales y necesita protagonismo absoluto para validarse a través del rendimiento. Cada uno de estos rasgos actúa como una cuña que separa al individuo del grupo.

El resultado es doble y destructivo. Por un lado, el aislamiento operativo: los compañeros evitan trabajar con ellos porque se sienten vigilados y desvalorizados. Por otro, el ambiente se vuelve hostil, con críticas duras e impaciencia que deterioran la cohesión del equipo. Lo que nació como una compulsión personal termina siendo un problema colectivo que afecta la productividad, el bienestar ajeno y la cultura de toda la organización.

Hay trabajadores que encuentran satisfacción genuina en compartir lo que saben, en ver a otros aprender gracias a su ayuda. Y hay otros muy distintos: los que creen que solo ellos pueden hacer las cosas bien, que prefieren trabajar solos aunque eso signifique pasar horas frente a una pantalla, incluso en sus ratos libres. La psicología ha puesto nombre a este segundo grupo. Los llama adictos al trabajo, o workaholics. Son personas atrapadas en una necesidad obsesiva y sin control de estar ocupadas laboralmente, descuidando su salud, su descanso, su vida fuera del trabajo. Y los expertos han llegado a una conclusión clara: estos trabajadores no solo piensan en sus labores constantemente, sino que tienen serias dificultades para colaborar con otros.

La adicción al trabajo es clasificada por la psicología como un comportamiento obsesivo-compulsivo. Quienes la padecen sienten una urgencia constante de estar ocupados en tareas laborales. Los investigadores han identificado un patrón consistente: estos trabajadores enfrentan obstáculos significativos cuando deben trabajar en equipo. La razón es compleja pero tiene componentes claros: no saben delegar, tienden a aislarse y ejercen un control excesivo sobre las tareas. La psicóloga Wendy L. Patrick, escribiendo en Psychology Today, lo expresó así: los adictos al trabajo tienden a asumir tareas innecesarias a costa del trabajo en equipo, y rinden mejor en trabajos autónomos y especializados que en proyectos colaborativos. Una investigación de 2020 realizada por Guido Alessandri y otros llegó a conclusiones similares. Describieron a los adictos al trabajo no como trabajadores inteligentes sino como trabajadores incansables, capaces de trabajar más allá de lo que se espera o se solicita razonablemente, movidos por una preocupación compulsiva y obsesiva por su desempeño.

Pero el problema va más allá del individuo. Un estudio de la Universidad Da Coruña en España analizó el impacto de la adicción al trabajo en las organizaciones. Los hallazgos fueron preocupantes. El workaholism causa daño psicosocial. El trabajador que sufre esta adicción experimenta malestar psicológico, estrés, irritación. Y su forma de actuar va directamente en contra del trabajo en equipo, creando tensión en el ambiente.

Los expertos han identificado características muy específicas en estos trabajadores. Primero, desconfían profundamente de los demás. Creen que nadie más puede hacer las tareas con el mismo nivel de calidad, así que asumen toda la carga ellos mismos. Segundo, practican control y microgestión constantes. Se inmiscuyen en el trabajo de sus compañeros, imponen vigilancia permanente, generan tensión. Tercero, carecen de paciencia e irritabilidad. Ven los tiempos de descanso de sus colegas como lentitud, ven los ritmos normales como pereza. Cuarto, necesitan protagonismo absoluto. Buscan controlar completamente los proyectos para alimentar su validación personal a través del rendimiento.

El impacto en el ambiente laboral es medible y destructivo. Primero ocurre lo que los expertos llaman aislamiento operativo: estos trabajadores terminan trabajando solos porque sus compañeros evitan colaborar con ellos. Se sienten desvalorizados, vigilados, incómodos. Segundo, el ambiente se vuelve hostil. La alta autoexigencia del workaholic se proyecta hacia afuera como críticas duras, impaciencia, mala comunicación. La cohesión grupal se deteriora. Lo que comenzó como una necesidad personal de estar ocupado se convierte en un problema colectivo que afecta la productividad, el bienestar de otros trabajadores y la cultura de la organización completa.

Los adictos al trabajo tienden a asumir tareas innecesarias a expensas del trabajo en equipo y rinden mejor en trabajos autónomos y especializados que en proyectos colaborativos
— Wendy L. Patrick, psicóloga, Psychology Today
El workaholism causa daño psicosocial y la forma de actuar de la persona adicta al trabajo va en contra del trabajo en equipo, creando tensión en el ambiente
— Investigación de la Universidad Da Coruña, España
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