Psicóloga advierte: uno de cada tres escolares sufre acoso y las pantallas afectan el desarrollo cognitivo

Uno de cada tres escolares en España sufre acoso escolar, afectando gravemente su autoestima y bienestar emocional durante su etapa educativa.
Uno de cada tres escolares sufrirá acoso en algún momento
Una estadística que revela la magnitud del problema de acoso escolar en España y su impacto en la autoestima infantil.
Mark

¿Por qué es tan importante distinguir entre la pereza normal y el miedo real?

Mimi

Porque la pereza se disuelve naturalmente en los primeros días de clase. El miedo no. Si un niño tiene miedo, seguirá teniéndolo cuando entre por la puerta del colegio. Y ese miedo casi siempre viene de algo específico: acoso, problemas familiares, ansiedad no tratada.

Mark

Menciona que siete de cada diez matrimonios se separan en septiembre. ¿Por qué precisamente en septiembre?

Mimi

Es el momento en que la familia vuelve a estar junta después de las vacaciones. Las tensiones que se acumularon durante el año se hacen insoportables cuando hay que reorganizar la vida cotidiana. El verano permite escapar de eso temporalmente.

Mark

¿Cuál es el verdadero peligro del uso excesivo de pantallas?

Mimi

No es solo la adicción. Es que el cerebro del niño deja de desarrollar capacidades fundamentales. La creatividad, la memoria, la capacidad de resolver problemas: todo eso requiere que el cerebro trabaje. Las pantallas lo hacen trabajar de una manera muy específica y limitada.

Mark

¿Qué debería hacer un padre si sospecha que su hijo está siendo acosado?

Mimi

Primero, validar lo que el niño siente. No minimizar. Luego, observar esas señales físicas: cambios en el sueño, en el apetito, comportamiento ansioso. Y finalmente, hablar directamente con el colegio. El acoso no desaparece solo.

Mark

¿Una semana es realmente suficiente para preparar a un niño para volver a clase?

Mimi

Es el mínimo. Una semana permite ajustar los ritmos biológicos y comenzar a reconstruir la mentalidad de rutina. Pero idealmente, los padres deberían estar atentos a las señales emocionales durante todo el verano.

  • El síndrome posvacacional es predecible, pero cuando dura más de tres semanas en un niño, deja de ser nostalgia y se convierte en una señal de alarma que no debe ignorarse.
  • Uno de cada tres escolares en España sufre acoso escolar en algún momento de su vida, una cifra que convierte este problema en una crisis social silenciosa y extendida.
  • Señales como insomnio, pesadillas, accidentes nocturnos o ansiedad al comer pueden revelar que el niño teme volver al colegio por razones que va más allá de la pereza.
  • La psicóloga Lara Ferreiro propone estrategias concretas: establecer rutinas una semana antes del inicio escolar, limitar las pantallas a menos de dos horas diarias y validar emocionalmente al niño.
  • El abuso de pantallas durante el verano agrava el problema, ya que el uso excesivo daña las zonas del cerebro vinculadas a la creatividad y la memoria, exigiendo una desconexión gradual antes de septiembre.

Cada septiembre, millones de niños cruzan el umbral entre el descanso y la obligación, y la mayoría lo hace con pereza pasajera. Pero la psicóloga Lara Ferreiro advierte que, cuando ese malestar se prolonga más de tres semanas, puede ser la señal silenciosa de algo más grave: el acoso escolar, que afecta a uno de cada tres escolares en España. Distinguir el cansancio del miedo es, según ella, uno de los actos de cuidado más importantes que un padre puede ejercer antes de que el daño se vuelva invisible.

Septiembre no llega igual para todos los niños. Para muchos, el regreso al colegio es solo pereza; para otros, es miedo. La psicóloga Lara Ferreiro ha dedicado tiempo a explicar esa diferencia, porque detrás de ella pueden esconderse problemas mucho más profundos que la simple nostalgia del verano.

El síndrome posvacacional es real: en adultos dura entre dos y quince días, pero en niños puede extenderse hasta tres semanas, dado el contraste más brusco que supone el fin de las vacaciones largas. Cuando el malestar persiste más allá de ese período, Ferreiro advierte que algo más puede estar ocurriendo: quizá el niño sufrió acoso en el curso anterior, o quizá sus padres se separaron durante el verano, algo que ocurre en siete de cada diez divorcios en septiembre.

La estadística que la psicóloga subraya debería inquietar a cualquier familia: uno de cada tres escolares en España sufrirá algún tipo de acoso a lo largo de su vida escolar. No es un fenómeno marginal, sino un problema social que deja cicatrices profundas en la autoestima de quienes lo padecen. Por eso, aprender a distinguir la pereza del miedo es fundamental. Señales como insomnio, pesadillas, accidentes nocturnos o ansiedad al comer, especialmente si aparecen tras un verano tranquilo, pueden indicar que el niño teme volver al colegio por razones que no sabe o no puede expresar.

Para quienes simplemente luchan contra el cansancio, Ferreiro propone transiciones suaves: ajustar gradualmente los horarios de sueño y comida una semana antes del primer día de clase, validar las emociones del niño, enseñarle a nombrar la ansiedad y ofrecerle herramientas para manejarla. Comprar útiles escolares juntos o organizar un encuentro previo con compañeros puede reducir la incertidumbre. El deporte, la música y los juegos de mesa también ayudan a descargar tensión.

Hay además una batalla silenciosa en muchos hogares: la de las pantallas. Ferreiro es clara al respecto: más de dos horas diarias de uso puede indicar adicción y causa daño neurológico real, atrofiando las zonas del cerebro responsables de la creatividad y la memoria. El ajuste debe ser gradual, pero debe ocurrir antes de que septiembre llegue.

Septiembre llega con una promesa incómoda: después de semanas de descanso, niños y adultos deben volver a la rutina. Para muchos, es solo pereza. Para otros, es miedo. La diferencia entre ambos es lo que Lara Ferreiro, psicóloga, ha dedicado tiempo a explicar, porque esa diferencia puede revelar problemas mucho más profundos que la simple nostalgia del verano.

El síndrome posvacacional es real y predecible. En los adultos, suele durar entre dos y quince días: una tristeza pasajera por abandonar el descanso. En los niños, persiste más tiempo, típicamente unas tres semanas, porque sus vacaciones son más largas y el contraste más brusco. Pero cuando ese malestar se extiende más allá, Ferreiro advierte que algo más está ocurriendo. Quizá el niño fue víctima de acoso en el curso anterior. Quizá sus padres se separaron durante el verano—de hecho, siete de cada diez matrimonios se disuelven en septiembre. El síndrome posvacacional puede ser la puerta de entrada a problemas que los padres no ven.

La clave está en distinguir la pereza del miedo. Alrededor del 40 por ciento de los niños no querrá volver a clase simplemente porque prefiere el descanso. Muchos de ellos superarán esa resistencia en los primeros días y saldrán del colegio sonriendo. Pero hay otros cuya renuencia es más profunda. Estos niños pueden presentar señales que los padres deben aprender a reconocer: accidentes nocturnos, insomnio, pesadillas recurrentes, cierre del estómago, comer por ansiedad. Si el verano transcurrió tranquilo y estas manifestaciones aparecen al acercarse septiembre, el acoso escolar podría estar detrás.

Ferreira subraya una estadística que debería alarmar a cualquier padre: uno de cada tres escolares en España sufrirá algún tipo de acoso en algún momento de su vida escolar. No es un problema marginal. Es un problema social grave que marca profundamente la autoestima de quienes lo padecen, dejando cicatrices que van más allá del año escolar en cuestión.

Para los niños que simplemente luchan contra la pereza, hay estrategias concretas. La rutina debe comenzar una semana antes del primer día de clase, ajustando gradualmente los horarios de sueño y comida. No se trata de cambios drásticos, sino de transiciones suaves: si el niño se levanta naturalmente a las ocho de la mañana durante las vacaciones, una hora de diferencia es el máximo tolerable. El sueño es crucial. Los menores de doce años necesitan entre nueve y once horas cada noche, aunque la realidad es que muchos duermen mucho menos porque pasan demasiado tiempo con el móvil.

La psicóloga enfatiza la importancia de validar las emociones del niño, enseñarle a nombrar lo que siente—especialmente la ansiedad—y proporcionarle herramientas para manejarla. Comprar útiles escolares juntos, conseguir el uniforme, incluso organizar un encuentro previo con compañeros de clase pueden reducir la incertidumbre. El deporte es aliado: tres horas semanales ayudan a los niños a descargar tensión y rabia. La música y los juegos de mesa funcionan de manera similar.

Pero hay una batalla más silenciosa ocurriendo en muchos hogares: la de las pantallas. Durante el verano, la mayoría de los niños han abusado de móviles y tabletas. Ferreiro es clara: más de dos horas diarias de pantalla puede indicar adicción, y eso requiere intervención. El daño es neurológico. Las zonas del cerebro responsables de la creatividad y la memoria se atrofian con el uso excesivo. Los niños, literalmente, se vuelven menos capaces cognitivamente. Por eso el ajuste debe ser gradual, no abrupto, pero debe ocurrir antes de que septiembre llegue.

Se va atrofiando la zona de la creatividad, la zona de la memoria y los niños se vuelven más tontos por las pantallas
— Lara Ferreiro, psicóloga
Estamos ante un grave problema social que es probablemente una de las cosas que marcan para mal la autoestima de una persona
— Lara Ferreiro, sobre el acoso escolar
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