Proyecto No Más completa tercera formación de actores sociales en Las Tunas

El proyecto aborda la violencia contra las mujeres en Cuba, buscando mejorar la atención y apoyo a víctimas de violencia en comunidades.
Que esas mujeres no tengan que contar su historia muchas veces
Gómez Ramos describió la visión del proyecto: espacios coordinados donde las víctimas sean atendidas con calidad y empatía desde el primer contacto.
Mark

¿Por qué fue importante que este tercer taller incluyera específicamente a operadores de derechos y líderes comunitarios, en lugar de solo personal institucional?

Mimi

Porque son ellos quienes están en contacto directo con las mujeres en sus barrios. Un policía o un trabajador de salud atiende casos puntuales, pero un delegado de consejo popular o un comunicador comunitario conoce el tejido social. Necesitaban las herramientas para identificar la violencia donde ocurre realmente.

Luke

Pero el artículo no especifica cuántas personas fueron capacitadas en este tercer taller, ni cuántas en los anteriores. Sabemos que hubo tres grupos de formación, pero no tenemos números concretos de alcance.

Mark

¿Qué cambio concreto espera el proyecto que ocurra después de estas formaciones?

Mimi

Que cuando una mujer llegue a una casa de orientación o a una consejería, no tenga que contar su historia de violencia múltiples veces a diferentes personas. Que haya coordinación entre instituciones, que la atiendan con empatía desde el primer contacto.

Luke

Eso es el objetivo declarado. Pero el artículo no dice si hay mecanismos de seguimiento, si se medirá si realmente disminuyen los tiempos de atención o si mejora la experiencia de las víctimas. Es una intención clara, pero sin indicadores de éxito.

Mark

¿Por qué el proyecto operaba en esos municipios específicos y no en otros?

Mimi

El artículo no lo explica. Solo dice que No Más funciona en Las Tunas, Bayamo, Guantánamo, El Salvador, Playa y Marianao. Probablemente fue una decisión de dónde había más recursos o asociaciones locales, pero no está documentado aquí.

Luke

Exacto. Sabemos dónde opera, pero no por qué esos lugares, ni si hay planes de expansión, ni cuál es la población de mujeres que potencialmente se beneficia.

  • El tercer taller del proyecto No Más reunió en Las Tunas a delegados, comunicadores y presidentes de consejos populares, completando un ciclo formativo que había comenzado con policías y trabajadores de salud.
  • La urgencia es clara: muchas víctimas de violencia no saben a dónde acudir, y esa incertidumbre las paraliza en los momentos más vulnerables de sus vidas.
  • Los participantes no solo aprendieron a identificar formas de violencia, sino que mapearon rutas concretas de atención disponibles en sus propias comunidades.
  • Los delegados propusieron fortalecer los grupos de atención a dinámicas sociales en los consejos populares, reconociendo que las herramientas existentes necesitan actualización.
  • El siguiente paso es la integración de los capacitados en una mesa interinstitucional que apoye las consejerías y casas de orientación de la Federación de Mujeres Cubanas.
  • El proyecto opera en un arco territorial que va desde Las Tunas hasta Bayamo, Guantánamo, El Salvador, Playa y Marianao, convirtiendo la formación local en una estrategia regional coordinada.

En Las Tunas, Cuba, el proyecto No Más cerró un ciclo de tres talleres de formación que, a lo largo de meses, fue tejiendo una red de actores comunitarios e institucionales capaces de reconocer la violencia contra las mujeres y orientar a las víctimas hacia la ayuda que necesitan. No se trata solo de capacitar a funcionarios, sino de construir una cultura de respuesta digna: que ninguna mujer tenga que repetir su historia ante puertas indiferentes. En un país donde la violencia de género sigue siendo una herida social profunda, este esfuerzo regional apuesta por que la empatía y el conocimiento lleguen antes que el silencio.

El 29 de septiembre, Las Tunas fue escenario del cierre de un proceso que llevaba meses construyéndose: el tercer y último taller de formación del proyecto No Más, dedicado a la prevención y respuesta a la violencia contra las mujeres en Cuba. Esta vez, el grupo convocado estaba compuesto por operadores de derechos, comunicadores, delegados y presidentes de consejos populares, figuras que tienen presencia directa en el tejido comunitario.

Liliana Gómez Ramos, coordinadora regional del CIERI, explicó que el objetivo central no era solo nombrar el problema, sino saber qué hacer con él: identificar las distintas formas que adopta la violencia y trazar con claridad las rutas de atención disponibles para las mujeres que la sufren. Que nadie quedara sin saber hacia dónde señalar cuando alguien pidiera ayuda.

Este taller completaba un ciclo que había comenzado con el personal jurídico de la Policía Nacional Revolucionaria y continuado con trabajadores de salud, trabajo social y educación. Cada grupo recibió formación adaptada a su rol, construyendo así una red de respuesta con múltiples capas. Durante la sesión en Las Tunas, los propios delegados propusieron revisar y actualizar los planes de formación de los grupos de atención que ya funcionaban en los consejos populares.

El horizonte inmediato es concreto: quienes participaron en este tercer taller se incorporarán a una mesa interinstitucional de apoyo a las consejerías y casas de orientación de la Federación de Mujeres Cubanas. Gómez Ramos lo expresó con una imagen precisa: que las mujeres que lleguen a buscar ayuda no tengan que repetir su historia una y otra vez, sino que encuentren espacios donde sean escuchadas con empatía y atendidas con calidad.

El alcance del proyecto No Más va más allá de Las Tunas. Su red se extiende a Bayamo, Guantánamo, El Salvador y dos áreas de La Habana, Playa y Marianao, convirtiendo cada taller local en un nodo de una estrategia regional más amplia para transformar la manera en que las comunidades responden a la violencia de género.

En Las Tunas, el 29 de septiembre concluyó el tercer y último taller de formación del proyecto No Más: Prevención y Respuesta a la Violencia contra las Mujeres en Cuba. Esta sesión reunió a un grupo específico de actores comunitarios: operadores de derechos, comunicadores, delegados y presidentes de consejos populares, todos ellos convocados para fortalecer la respuesta institucional ante la violencia de género en sus territorios.

Liliana Gómez Ramos, coordinadora regional del Centro de Intercambio y Referencia e Iniciativa Comunitaria (CIERI), explicó que el propósito central del taller fue construir un proceso de formación capaz de identificar las distintas manifestaciones de la violencia y, más importante aún, mapear las rutas de atención disponibles para las mujeres víctimas en sus comunidades. No se trataba solo de reconocer el problema, sino de saber hacia dónde dirigir a quienes lo sufren.

Esta tercera formación completaba un ciclo que había comenzado meses antes. Las dos sesiones anteriores se habían dirigido a públicos diferentes pero complementarios: primero al personal jurídico de la Policía Nacional Revolucionaria, y luego a trabajadores de salud, trabajo social y educación. Cada grupo recibía capacitación adaptada a su rol específico dentro del sistema de respuesta. Gómez Ramos destacó que uno de los logros más valiosos de estas formaciones fue identificar concretamente dónde y cómo las mujeres podían buscar ayuda cuando enfrentaban violencia, eliminando la incertidumbre que muchas veces paraliza a las víctimas.

Durante el taller en Las Tunas, los delegados participantes propusieron una acción práctica: revisar y fortalecer el plan de formación de los grupos de atención a las dinámicas sociales que ya funcionaban en los consejos populares. No era una crítica al trabajo existente, sino un reconocimiento de que esos espacios necesitaban herramientas actualizadas.

El siguiente paso ya estaba definido. Las personas capacitadas en este tercer taller se integrarían a una mesa interinstitucional de apoyo a las consejerías y casas de orientación de la Federación de Mujeres Cubanas. Gómez Ramos expresó una visión clara de lo que esto significaba: que las mujeres que llegaran a buscar ayuda no tuvieran que repetir su historia una y otra vez ante diferentes instituciones, sino que encontraran espacios donde fueran atendidas con calidad y escuchadas con empatía. Era una declaración sobre la dignidad en el proceso de atención, no solo sobre la disponibilidad de servicios.

El proyecto No Más operaba en un territorio amplio. Más allá de Las Tunas, su alcance se extendía a otros municipios orientales como Bayamo, Guantánamo y El Salvador, además de dos áreas de La Habana: Playa y Marianao. Esto significaba que la formación de actores sociales no era un esfuerzo aislado, sino parte de una estrategia regional coordinada para cambiar la manera en que las comunidades identificaban, respondían y apoyaban a las mujeres en situación de violencia.

El objetivo fundamental fue poder construir de alguna manera un proceso de formación que nos permita identificar las formas de violencia, que permita también poder identificar las rutas de atención a personas que son víctimas de violencia en nuestra comunidad
— Liliana Gómez Ramos, coordinadora regional del CIERI
Una de las cosas más valiosas que se generaron fue primero identificar cuáles son las maneras en que las mujeres o dónde son los lugares que las mujeres pueden pedir ayuda cuando son víctimas de violencia
— Liliana Gómez Ramos
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