En Japón, una transformación silenciosa redefine el papel de las grandes inmobiliarias: empresas que durante décadas construyeron hogares y oficinas ahora dirigen miles de millones de yenes hacia centros de datos para inteligencia artificial. Con un mercado proyectado en más de 5 billones de yenes para 2028, este giro no es solo económico, sino civilizatorio: revela que la infraestructura del pensamiento digital se construye con las mismas habilidades —negociación, territorio, comunidad— que siempre sostuvieron la ciudad física.