En un momento en que las aguas del Mar Rojo se han vuelto impredecibles, un príncipe saudí viajó a El Cairo esta semana para tejer alianzas frente a una amenaza que ya no es solo regional. Los hutíes, consolidados como fuerza armada en Yemen, han extendido su alcance hasta rozar el Canal de Suez y los oleoductos que sostienen buena parte del comercio energético mundial. La diplomacia entre Riad y El Cairo es, en el fondo, el reconocimiento de que ninguna nación puede custodiar sola las arterias por las que fluye la economía global.