En las próximas semanas, Francia se prepara para recibir al papa León XIV en una visita que convocará a más de un millón de personas, con Lourdes como corazón espiritual del encuentro. El fenómeno trasciende la devoción estricta: las librerías se llenan de obras sobre el pontífice y las donaciones crecen, señales de que algo más profundo que la rutina religiosa está en movimiento. Como ocurre en los grandes momentos de congregación humana, la visita revela tanto la sed de sentido de una sociedad como su capacidad —o su límite— para organizarse ante lo extraordinario.