En un momento deliberadamente pausado, el presidente Abelardo De La Espriella colocó ante la nación una de las tensiones más antiguas y dolorosas del conflicto armado: la de los niños convertidos en instrumentos de guerra. Su mensaje fue a la vez una declaración de principios —los menores son víctimas, no combatientes— y una advertencia sobre los peligros de una compasión mal calibrada que, sin quererlo, podría fortalecer a quienes cometen el crimen. El Estado, sostuvo, tiene la obligación de proteger y la obligación de actuar, y ninguna puede anular a la otra.
Presidente enfatiza: menores reclutados son víctimas, pero criminales no pueden usar esto como escudo
Menores son reclutados forzadamente por organizaciones criminales y utilizados en campamentos, siendo considerados víctimas de secuestro por el Estado.