En 1960, tres científicos trazaron una curva matemática que apuntaba al 13 de noviembre de 2026 como el umbral de un crecimiento poblacional sin retorno. La advertencia circuló durante décadas como un espejo oscuro del destino humano, pero la historia eligió otro camino: las tasas de natalidad cayeron, la aceleración se moderó, y el modelo quedó como testimonio de que incluso las ecuaciones más rigurosas dependen de suposiciones que la realidad puede desmentir. Lo que hoy se aproxima no es el fin anunciado, sino la fecha en que una vieja predicción debe rendirle cuentas al mundo que no supo an