Durante treinta y nueve meses consecutivos, el mercado inmobiliario chino ha registrado caídas en los precios de viviendas nuevas, una contracción que refleja desequilibrios estructurales acumulados durante años de expansión desmedida. En agosto, el ritmo de descenso se moderó levemente, pero las viviendas usadas aceleraron sus bajadas, revelando una fractura interna dentro del propio mercado. Lo que está en juego no es solo el valor de las propiedades, sino la riqueza de millones de familias y el motor histórico del crecimiento económico chino.