En Portugal, un programa de reciclaje llamado Volta ha demostrado que el éxito de una política pública no garantiza su aceptación: el sistema de depósito para botellas de plástico, que llegó a recompensar a ciudadanos con hasta 40 euros, ha desatado una disputa entre el alcalde de Lisboa y el ministro de Medio Ambiente, con más de 37.000 firmas pidiendo su cancelación. Lo que comenzó como una solución ambiental eficaz se ha convertido en un espejo de las tensiones entre gobiernos locales y nacionales, y en una advertencia para España, que prevé adoptar un sistema similar en noviembre.