El sistema climático funciona de manera coordinada a miles de kilómetros
Desde las profundidades del Pacífico ecuatorial, una señal antigua y poderosa comienza a despertar. Los científicos advierten que el fenómeno conocido como El Niño podría alcanzar hacia finales de 2026 una intensidad no vista en más de un siglo, evocando el devastador evento de 1877-1878 que costó la vida a unos 50 millones de personas. La naturaleza, como siempre, recuerda a la humanidad que el clima no es un telón de fondo, sino un actor principal en la historia de las civilizaciones.
- Las aguas del Pacífico ecuatorial muestran señales de un calentamiento inusual que podría convertirse en el Súper Niño más intenso en más de 140 años.
- Un evento de esta magnitud amenaza con desencadenar inundaciones devastadoras en América del Sur, sequías extremas en Australia y Asia, crisis energéticas y brotes de enfermedades como el dengue a escala global.
- La incertidumbre científica es profunda: predecir la intensidad exacta del fenómeno es casi imposible, lo que dificulta la preparación de gobiernos y comunidades vulnerables.
- Organismos internacionales como la NOAA y la Organización Meteorológica Mundial han activado sistemas de alerta temprana mientras los especialistas monitorean cada variación en la presión y temperatura oceánica.
- El fantasma histórico de 1877-1878 —cuando el 4% de la población mundial murió por hambrunas asociadas al fenómeno— pesa sobre las proyecciones actuales como advertencia de lo que podría estar en juego.
En algún momento antes de que termine 2026, el Pacífico ecuatorial podría comenzar a comportarse de una manera que no se ha visto en más de un siglo. Los científicos lo llaman El Niño, pero lo que se aproxima podría ser algo cualitativamente distinto: un Súper Niño capaz de reconfigurar el clima del planeta durante meses.
El mecanismo es, en esencia, conocido. Una corriente de agua cálida desciende por las costas de Ecuador, Perú y el norte de Chile, desplazando las frías aguas que normalmente fluyen en sentido contrario. Ese calentamiento superficial calienta el aire, lo carga de humedad y desata lluvias torrenciales en lugares donde casi nunca llueve. Pero lo verdaderamente extraordinario de El Niño es su alcance: lo que ocurre frente a las costas sudamericanas termina afectando a Indonesia, Australia y Brasil. Los científicos llaman a este efecto teleconexión, y fue el meteorólogo británico Gilbert Walker quien lo descubrió hace un siglo, sin satélites ni computadoras, solo con cálculos manuales de presión atmosférica.
El fenómeno típicamente dura entre nueve y doce meses, alcanzando su pico cerca de Navidad —de ahí su nombre—. Ahora mismo el Pacífico está en fase neutra, pero eso está a punto de cambiar. Javier Martín-Vide, catedrático de la Universidad de Barcelona y director del Observatorio Fabra, advierte que el evento podría intensificarse significativamente hacia finales de año, aunque reconoce que predecir su magnitud exacta es casi imposible.
Lo que sí está documentado son los efectos posibles. Un Súper Niño podría elevar las temperaturas hasta dos grados por encima de lo normal en zonas del Pacífico, provocar inundaciones masivas en Perú y Ecuador, sequías e incendios en Australia y el sudeste asiático, crisis hidroeléctricas en países dependientes de esa energía, y emergencias sanitarias por la expansión del dengue. El precedente más oscuro es el Niño de 1877-1878, cuyas hambrunas asociadas mataron a aproximadamente 50 millones de personas, el 4% de la población mundial de entonces.
Europa, y España en particular, quedaría relativamente al margen de los efectos más severos. La geografía peninsular —el Mediterráneo casi cerrado, las montañas, la altitud— actúa como escudo. Quizás un año algo más cálido, pero poco más. Lo que sí conviene no confundir es El Niño con el cambio climático: son fenómenos distintos en su origen, aunque pueden potenciarse mutuamente. El Niño existe desde hace tres o cuatro millones de años, desde que el istmo de Panamá unió los dos continentes americanos. Llegó mucho antes que nosotros, y seguirá llegando.
En algún momento entre ahora y finales de año, las aguas del Pacífico ecuatorial podrían comenzar a calentarse de una manera que no se ha visto en más de un siglo. Los científicos lo llaman El Niño, pero algunos advierten que podría ser algo más: un Súper Niño de proporciones que desafían la predicción.
El fenómeno es, en esencia, simple de describir. Una corriente de agua cálida desciende por el Pacífico ecuatorial, bajando por las costas de Ecuador, Perú y el norte de Chile, desplazando las corrientes frías que normalmente fluyen de sur a norte en esa región. Javier Martín-Vide, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona y director del Observatorio Fabra, lo explica así: esas aguas cálidas calientan el aire desde la base y le aportan humedad, lo que genera lluvias que a veces alcanzan proporciones torrenciales en lugares donde casi nunca llueve. Lo que hace que El Niño sea verdaderamente notable es que no es un fenómeno local. Es lo que los científicos llaman teleconexión: corrientes que nacen en Perú terminan afectando a Indonesia, Brasil, Australia. Un cambio en la presión atmosférica en las costas sudamericanas del Pacífico se correlaciona con cambios a diez mil kilómetros de distancia, en el norte de Australia. Hace un siglo, un meteorólogo británico llamado Gilbert Walker descubrió esta conexión sin internet, sin satélites, solo con cálculos manuales de valores de presión. El sistema climático, descubrió, funciona de manera coordinada a través de vastas distancias.
El Niño típicamente dura entre nueve y doce meses, aunque los más intensos suelen concentrarse en cinco o seis. Alcanza su máxima intensidad cerca de Navidad, de ahí su nombre. Cuando no está en fase de Niño, el Pacífico puede estar en fase de Niña, su opuesto, o en fase neutra. Ahora mismo estamos en fase neutra, pero eso está a punto de cambiar. Organizaciones como la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica y la Organización Meteorológica Mundial han comenzado a advertir que lo que se aproxima podría ser extraordinario.
El problema es que predecir la intensidad exacta es casi imposible. Martín-Vide es claro al respecto: puede ser más intenso, incluso muy intenso, pero no se puede afirmar con certeza. Lo que sí está sobre la mesa es la posibilidad de que se intensifique significativamente hacia finales de año. Algunos especialistas han sugerido que podría aproximarse al potencial devastador del Niño más poderoso jamás registrado, el que ocurrió entre 1877 y 1878. Ese evento provocó una hambruna global que se calcula mató a aproximadamente 50 millones de personas, el 4 por ciento de la población mundial en ese momento.
Lo que hace que El Niño sea particularmente complejo es que nunca se expresa de la misma manera dos veces. No hay dos Niños iguales. Los efectos varían dramáticamente según la latitud y la región. En el noreste de Brasil, por ejemplo, El Niño típicamente genera grandes sequías. En 1983, esas sequías provocaron migraciones masivas hacia las ciudades. En general, El Niño tiende a calentar el planeta: en algunas zonas del Pacífico, un Súper Niño podría elevar las temperaturas hasta dos grados por encima de lo normal. Ese calentamiento de las aguas se transmite a la atmósfera, creando años más cálidos en general. Simultáneamente, provoca lluvias torrenciales e inundaciones en la costa pacífica de América del Sur, particularmente en Perú y Ecuador, además de huracanes en el Pacífico Oriental. En contraste, sequías severas e incendios se intensifican en Australia, el sudeste asiático y Centroamérica. Las consecuencias en cascada incluyen crisis energéticas en países que dependen excesivamente de la generación hidroeléctrica durante períodos de escasas precipitaciones, así como emergencias sanitarias derivadas de la propagación de enfermedades transmitidas por vectores como el dengue.
Europa, en general, queda relativamente protegida de los efectos más severos de El Niño. España aún más. La península recibe apenas una señal débil del fenómeno, en parte porque su geografía es singular: el Mediterráneo es casi un mar cerrado, hay montañas abundantes, altitud elevada. Quizá sea un año más cálido de lo normal, pero con el calentamiento global ya en marcha, es posible que los españoles ni siquiera lo noten.
Hay una distinción importante que no debe confundirse: El Niño no es lo mismo que el cambio climático. Pueden potenciarse mutuamente, pero en su origen son fenómenos completamente distintos. El Niño existe desde hace tres o cuatro millones de años, desde que el istmo de Panamá se formó y unió América del Norte con América del Sur, impidiendo que las aguas cálidas del Pacífico salieran hacia el Atlántico. Existía mucho antes de que los humanos comenzaran a alterar el clima del planeta. Lo que sí es seguro es que si las predicciones se cumplen, no será un buen año para los pescadores de anchoveta, cuyas capturas también siguen ciclos que El Niño puede interrumpir drásticamente.
Notable Quotes
Puede ser más intenso o incluso muy intenso. No se puede afirmar, pero la posibilidad está sobre la mesa.— Javier Martín-Vide, catedrático de Geografía Física de la Universidad de Barcelona
El Niño existía mucho antes de que habláramos de cambio climático antrópico— Javier Martín-Vide
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué es tan difícil predecir si será un Súper Niño o solo un Niño normal?
Porque el fenómeno no es periódico. Ocurre, pero no en intervalos regulares. Los científicos pueden ver las señales de que está comenzando, pero la intensidad final depende de variables que aún no comprendemos completamente.
Si El Niño existe desde hace millones de años, ¿por qué nos preocupa ahora?
Porque ahora somos más de ocho mil millones de personas. Una hambruna global en 1878 mató a 50 millones. Hoy, un evento similar tendría consecuencias incomparablemente mayores. Además, el cambio climático podría amplificar sus efectos.
¿Entonces el cambio climático y El Niño son lo mismo?
No. Son fenómenos distintos que pueden reforzarse mutuamente. El Niño es un ciclo natural antiguo. El cambio climático es algo que hemos causado en los últimos siglos. Pero cuando coinciden, los impactos se multiplican.
¿Qué significa que sea un fenómeno de teleconexión?
Significa que lo que sucede en un océano afecta a continentes enteros a miles de kilómetros de distancia. Un cambio de temperatura en Perú puede provocar sequías en Australia o inundaciones en Indonesia. El clima no respeta fronteras.
¿Hay algo que podamos hacer para prepararnos?
Monitoreo constante, principalmente. Los organismos internacionales están vigilando cada señal. Los países vulnerables, especialmente aquellos que dependen de la hidroelectricidad o la pesca, necesitan planes de contingencia. Pero predecir con precisión cuándo y dónde golpeará es aún un desafío científico.