Bajo el sol del verano, no todos los cuerpos responden igual, y la razón no es capricho ni azar: es la melanina, ese pigmento ancestral que cada piel lleva como escudo propio. Especialistas del Hospital Clínic Barcelona recuerdan que la proporción entre eumelanina —protectora— y feomelanina —vulnerable— determina si una persona se broncea o se quema, y que comprender esta diferencia biológica es el primer paso hacia una relación más consciente y segura con el sol.