África lleva décadas prometiendo convertirse en el próximo gran taller textil del mundo, pero la promesa no se ha cumplido. A pesar de contar con mano de obra barata y una posición geográfica envidiable, el continente permanece al margen de una industria que ha transformado economías enteras en Asia. Países como Etiopía y Benín intentan ahora descifrar por qué las ventajas comparativas no bastan, y qué hace falta para que la inversión industrial llegue y se quede.