En las proximidades del enclave ruso de Kaliningrado, un helicóptero militar ruso cruzó brevemente el espacio aéreo polaco, desencadenando una respuesta inmediata de la aviación de combate de Polonia. El incidente, aunque efímero, no es un hecho aislado: es el más reciente capítulo de una tensión persistente entre Rusia y los países de la OTAN en Europa Oriental, donde cada transgresión de fronteras —por pequeña que sea— recuerda cuán delgada es la línea entre la provocación y el conflicto.