Polillas con alas olfativas: el descubrimiento sensorial del Instituto Max Planck

Las alas tienen sensores distribuidos en toda su superficie, no solo en los bordes
Descubrimiento que sugiere un sistema sensorial más complejo de lo que los investigadores pueden observar directamente bajo las escamas.
Mark

¿Por qué fue necesario separar las alas del cuerpo para hacer las mediciones?

Mimi

Las alas separadas permitían aislar la respuesta sensorial sin las interferencias del resto del sistema nervioso del insecto. Pero eso también significa que no sabemos qué hace realmente una polilla en vuelo con esa información.

Mark

¿Entonces el descubrimiento podría ser incompleto?

Mimi

No incompleto, sino parcial. Confirmaron que las alas pueden detectar estos compuestos. Lo que falta es entender cómo esa detección se integra con el vuelo, la navegación, la búsqueda de alimento.

Mark

¿Por qué solo dos sustancias de las trece probadas activaron una respuesta?

Mimi

Probablemente porque la polilla esfinge del tabaco está evolutivamente sintonizada para esos compuestos específicos. Son aminas que encuentra en sus plantas hospederas. No necesita detectar todo, solo lo que importa para su supervivencia.

Mark

¿Y los pelos bajo las escamas que no pueden ver?

Mimi

Ese es el misterio real. Si existen sensores en toda la superficie alar pero están ocultos, significa que el sistema es mucho más sofisticado de lo que pueden observar. Las escamas actúan como una barrera que protege pero también oculta.

Mark

¿Qué diferencia hay entre que una hembra tenga 28 pelos y un macho 21?

Mimi

Podría estar relacionado con el comportamiento reproductivo. Las hembras necesitan encontrar plantas para poner huevos. Más sensores podrían significar mejor detección. Pero eso es especulación por ahora.

Mark

¿Cuál es el siguiente paso lógico?

Mimi

Observar polillas vivas en vuelo, cerca de plantas reales, y ver si esas alas realmente guían su comportamiento. El laboratorio tiene las herramientas. Lo que falta es cerrar la brecha entre lo que sucede en una probeta y lo que sucede en la naturaleza.

  • Lo que parecía ser una estructura puramente mecánica —el ala de una polilla— resulta contener pelos microscópicos con poros capaces de responder selectivamente a aminas como la pirrolidina y la piperidina.
  • El hallazgo genera tensión conceptual: si los pelos con poros en los bordes alares no son los únicos responsables de la respuesta química, entonces existe un sistema sensorial oculto bajo las escamas que aún no puede ser observado directamente.
  • El análisis genético identificó 15 receptores activos en los bordes de las alas, pero varios carecen de genes necesarios para funcionar de forma convencional, lo que complica la explicación del mecanismo y exige nuevas metodologías.
  • La comunidad científica enfrenta ahora una pregunta de alcance más amplio: si la polilla esfinge del tabaco percibe el mundo químico a través de sus alas, ¿cuántos otros insectos poseen capacidades sensoriales igualmente invisibles para nosotros?
  • El laboratorio avanza hacia hipótesis de campo —como la posibilidad de que las polillas raspen hojas con sus patas para liberar las aminas que sus alas detectan— pero estas aún no han sido sometidas a prueba en condiciones naturales.

En los márgenes de lo que creíamos saber sobre la percepción animal, investigadores del Instituto Max Planck en Jena han descubierto que las alas de la polilla esfinge del tabaco no son meros instrumentos de vuelo, sino superficies sensoriales capaces de detectar compuestos químicos específicos. Este hallazgo, publicado en el Journal of Experimental Biology, sugiere que la vida sensorial de los insectos es vastamente más distribuida y compleja de lo que la ciencia había imaginado. Como tantos grandes descubrimientos, este no cierra preguntas sino que multiplica las que aún no sabemos formular.

Un equipo del Instituto Max Planck de Jena, liderado por Ahmed Reda Ismaieel junto con Regina Stieber, Bill Hansson y Sonja Bisch-Knaden, descubrió que las alas de la polilla esfinge del tabaco contienen estructuras sensoriales capaces de detectar compuestos químicos en el aire. El hallazgo, publicado en el Journal of Experimental Biology, desafía la idea de que las alas son únicamente órganos de vuelo.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores retiraron las escamas de las alas, recortaron sus bordes, aplicaron una capa de oro y las examinaron bajo microscopio electrónico. Encontraron dos tipos de pelos alternados: uno fino, estriado y puntiagudo sin poros; otro más corto, de extremo redondeado, con un poro bajo la punta y otros en la pared lateral. Esta arquitectura microscópica, nunca antes descrita en estos insectos, sugería una función sensorial sofisticada. Las hembras presentaban en promedio 28 de estos pelos por borde, los machos solo 21.

Al exponer alas separadas del cuerpo a distintos compuestos químicos mediante electrodos, solo dos sustancias provocaron respuesta: la pirrolidina y la piperidina, aminas presentes en plantas de la familia de las solanáceas como el tabaco, el tomate y la papa. El análisis genético reveló además 15 genes receptores activos en los bordes alares, aunque varios carecían de componentes necesarios para funcionar de manera convencional, lo que complica la comprensión del mecanismo.

Lo más desconcertante fue que, al recortar los bordes donde se concentraban los pelos con poros, la respuesta química no desapareció. Esto llevó a Bisch-Knaden a proponer que existen pelos sensoriales distribuidos por toda la superficie alar, ocultos bajo las escamas. El mismo laboratorio había reportado el año anterior que estas polillas también detectan olores mediante órganos en las patas delanteras, lo que apunta a un sistema multisensorial que abarca todo el cuerpo. Cuántos otros insectos poseen capacidades similares, y cómo las utilizan en vuelo real, son las preguntas que este descubrimiento deja abiertas.

Las alas de las polillas podrían ser mucho más que simples estructuras para volar. Un equipo de investigadores en el Instituto Max Planck de Jena, Alemania, descubrió que las alas de la polilla esfinge del tabaco contienen un sistema sensorial capaz de detectar compuestos químicos específicos en el aire, un hallazgo que desafía lo que se creía saber sobre cómo estos insectos perciben su entorno.

El trabajo, publicado en el Journal of Experimental Biology, fue liderado por Ahmed Reda Ismaieel junto con Regina Stieber, Bill Hansson y Sonja Bisch-Knaden. Para llegar a sus conclusiones, los investigadores sometieron las alas a un análisis minucioso: retiraron las escamas que las cubren, recortaron los bordes, aplicaron una capa de oro y examinaron las muestras bajo un microscopio electrónico de barrido. Lo que encontraron fue inesperado: dos tipos distintos de pelos alternados en los bordes alares, cada uno con características únicas nunca antes descritas en estos insectos.

El primer tipo de pelo era fino, estriado y terminaba en punta afilada sin poros visibles. El segundo era más corto, con extremo redondeado y superficie punteada, además de presentar un poro debajo de la punta y otros en la pared lateral. Esta arquitectura microscópica sugería una función sensorial sofisticada. Los poros laterales en insectos suelen estar asociados con la detección de olores, mientras que un único poro cerca de la punta típicamente se vincula con la capacidad de gustar por contacto. El equipo contabilizó entre 21 y 32 de estos pelos por borde en las alas posteriores, con una diferencia notable: las hembras presentaban un promedio de 28, mientras que los machos tenían 21.

Para medir cómo respondían estas estructuras a diferentes olores, los investigadores colocaron alas separadas del cuerpo entre dos electrodos y las expusieron a descargas de 200 milisegundos de distintos compuestos químicos. Probaron 13 sustancias individuales, incluyendo aire de flores y hojas de plantas de la familia de las solanáceas como tabaco, tomate y papa. Solo dos compuestos activaron una respuesta: la pirrolidina y la piperidina. Este patrón selectivo sugería que el sistema sensorial estaba sintonizado para reconocer sustancias muy específicas, probablemente vinculadas con las plantas de las que se alimentan estas polillas.

El análisis genético reveló una complejidad aún mayor. En los bordes de las alas de polillas vírgenes de tres días de vida, el equipo detectó 15 genes receptores activos vinculados con la capacidad de captar señales químicas. Once de ellos pertenecían a la familia de receptores de olores, aunque les faltaba un gen necesario para que funcionaran correctamente, lo que sugería que probablemente no eran los responsables de detectar las aminas. Dos secuencias genéticas adicionales pertenecían a una segunda familia de receptores: una producía una proteína asociada con la detección de aminas en moscas de la fruta, mientras que la otra integraba un grupo conocido solo en mariposas y polillas cuya función aún no ha sido establecida. También aparecieron dos genes de receptores del gusto, incluyendo uno vinculado al sabor amargo que fue el más frecuente.

Lo más intrigante fue lo que sucedió cuando el equipo recortó los bordes de las alas donde estaban los pelos con poros. Si esas estructuras fueran los únicos sensores responsables, la respuesta debería desaparecer. Pero no fue así: las alas continuaron reaccionando de la misma manera en ambos sexos. Esto llevó a Sonja Bisch-Knaden a proponer una hipótesis audaz: la polilla tiene pelos sensoriales especiales distribuidos en toda la superficie de las alas, no solo a lo largo de los bordes, capaces de detectar esos compuestos químicos. El desafío es que estos pelos permanecen ocultos bajo las escamas, que son aproximadamente el doble de largo que los pelos de punta redondeada, lo que dificulta su detección visual.

El equipo también especuló con una posibilidad intrigante: que una polilla suspendida frente a una hoja podría rasparla con las espinas de sus patas y liberar así las aminas que sus alas pueden detectar. Sin embargo, esta hipótesis aún no ha sido sometida a prueba. Lo que sí se sabe es que el mismo laboratorio informó el año pasado que estas polillas también pueden detectar olores mediante órganos de limpieza ubicados en las patas delanteras, sugiriendo un sistema multisensorial distribuido en todo el cuerpo del insecto. El descubrimiento abre preguntas fundamentales: cuántos otros insectos poseen capacidades sensoriales similares, y más importante aún, cómo utilizan estas señales durante el vuelo en condiciones naturales, cuando el cuerpo está en movimiento y el contexto es completamente diferente al de las alas separadas en el laboratorio.

La polilla tiene pelos sensoriales especiales en toda la superficie de las alas, no solo a lo largo de los bordes, que pueden oler esos compuestos
— Sonja Bisch-Knaden, Instituto Max Planck
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