En las primeras horas de un domingo en Morón, un ex suboficial mayor de 75 años ejerció el derecho que la ley le reconoce: defender su hogar. El ladrón que no logró huir resultó ser un joven de 20 años con orden de captura por homicidio agravado, convirtiendo un episodio de defensa propia en el espejo de una violencia más profunda que ya lo precedía. La fiscal no imputó al jubilado, y el fin de semana cerró con otra herida abierta: un policía en actividad acusado de atropellar a un motociclista y abandonar la escena.
Policía retirado de 75 años baleó a ladrón que asaltaba su casa en Morón
Un disparo en la madrugada que espantó a los ladrones y cambió todo
¿Por qué el policía retirado no enfrentó cargos si disparó contra alguien?
Porque estaba en su propia casa, de madrugada, sorprendido por ladrones que habían entrado a robar. La ley reconoce el derecho a defenderse. No hay delito en eso.
Pero el joven que fue baleado tenía solo veinte años. ¿No hay algo trágico en eso?
Sí, hay algo trágico. Pero ese joven no era un ladrón cualquiera. Desde hacía meses lo buscaban por haber matado a alguien durante otro robo. Estaba en la calle, seguía robando, seguía siendo peligroso.
¿Qué pasó con los otros ladrones que escaparon?
Se fueron. El disparo los asustó. Solo uno quedó atrás, herido. Los otros desaparecieron en la noche.
¿Y el policía que atropelló a la moto? ¿Eso es diferente?
Completamente diferente. Un accidente de tránsito, pero luego huyó del lugar. Eso es abandono de persona. Y cuando volvió horas después, la gente lo reconoció y lo persiguió. Su caso depende de si el herido sobrevive o no.
Entonces tenemos dos historias de violencia en el mismo fin de semana.
Sí. Una donde un hombre mayor defiende lo suyo dentro de la ley. Otra donde un policía en servicio causa un daño y desaparece. Son dos caras de la misma realidad: la inseguridad, la violencia, y cómo la gente responde cuando todo se desmorona.
El Pulso
- Un hombre de 75 años despertó en la madrugada con extraños dentro de su casa y respondió con la pistola que guardaba al alcance de la mano.
- El ladrón herido en hombro y nuca no pudo escapar con sus cómplices, y al llegar la policía se descubrió que cargaba una orden de captura activa por homicidio agravado desde mayo.
- La fiscal Courtade imputó al detenido por robo agravado y no tomó ninguna acción contra el ex policía, reconociendo la legítima defensa.
- Horas después, en el mismo fin de semana y en la misma comisaría, un policía en actividad fue detenido acusado de atropellar a un motociclista y darse a la fuga, desatando una persecución vecinal de diez cuadras.
- El caso del motociclista herido —cuya supervivencia determinaría la gravedad de los cargos— quedó también en manos de la fiscal Courtade, sumando otra capa de violencia a un fin de semana que no dio tregua.
En las primeras horas de un domingo en Morón, un ex suboficial mayor de 75 años ejerció el derecho que la ley le reconoce: defender su hogar. El ladrón que no logró huir resultó ser un joven de 20 años con orden de captura por homicidio agravado, convirtiendo un episodio de defensa propia en el espejo de una violencia más profunda que ya lo precedía. La fiscal no imputó al jubilado, y el fin de semana cerró con otra herida abierta: un policía en actividad acusado de atropellar a un motociclista y abandonar la escena.
Un suboficial mayor retirado de la Policía Federal, de 75 años, fue despertado en la madrugada del domingo por el ruido de intrusos en su vivienda de Morón. Sin dudar, tomó su pistola Taurus 9 milímetros y disparó contra los ladrones. La mayoría huyó hacia la noche del conurbano bonaerense; uno no llegó lejos.
Cuando efectivos de la Comisaría 4ª de Morón llegaron tras el llamado al 911, encontraron a un joven de 20 años sangrando en el patio, con heridas en hombro y nuca. Lo que al principio parecía un ladrón más resultó ser algo distinto: el muchacho, vecino de Castelar Sur, tenía una orden de captura activa por homicidio agravado cometido durante un robo en Esteban Echeverría, un crimen destinado a eliminar un testigo. Fue trasladado al Hospital de Haedo bajo custodia policial.
La fiscal Valeria Courtade, de la UFI N°3 de Morón, imputó al detenido por robo agravado y no tomó ninguna medida contra el jubilado. La ley fue clara: un hombre que defiende su hogar frente a intrusos armados actúa dentro de sus derechos.
Pero el fin de semana no terminó ahí. Pocas horas antes, el sábado por la mañana, el policía en actividad Carlos Pelozo, de 36 años, conducía su Renault Sandero por Morón con su hijo a bordo cuando chocó contra una moto en la intersección de Los Criollos y Carapachay. El motociclista, José Luis Zárate, quedó gravemente herido. Según testigos, Pelozo se fue del lugar.
Seis horas después se presentó en la Comisaría 4ª, pero sin el vehículo. Cuando regresó con el auto, familiares y conocidos del motociclista lo reconocieron. Estalló una pelea frente al edificio policial y un grupo lo persiguió durante diez cuadras. Pelozo fue detenido por homicidio, y la División Asuntos Internos lo suspendió preventivamente. La misma fiscal Courtade quedó a cargo de investigar también este caso, dos hilos de violencia distintos que un mismo fin de semana en Morón ató sin querer.
A retired police officer, seventy-five years old, woke in the darkness of his Morón home to find strangers moving through the rooms. It was early Sunday morning when the intruders forced their way inside, looking for whatever they could take. The man, a former senior officer of the Federal Police, did not hesitate. He reached for the Taurus 9-millimeter pistol he kept within reach and fought back against the thieves who had invaded his space. A single shot rang out. The gunfire scattered the attackers—most of them fled into the night, disappearing into the streets of the Buenos Aires suburb.
One of them did not make it far. When officers from the Morón 4th Police Station arrived after the retired officer called 911, they found a young man bleeding in the yard. The bullet had caught him in the shoulder and neck. His name was not yet known to them, but within hours they would learn he was twenty years old, living in Castelar Sur, and wanted for something far worse than robbery. Since late May of the previous year, he had been the subject of an active arrest warrant for aggravated homicide—a killing committed during a robbery in Esteban Echeverría, a crime meant to eliminate a witness and secure escape.
The wounded suspect was transported under police guard to Haedo Hospital, where he remained in custody. Prosecutor Valeria Courtade, handling the case through the Morón UFI N°3, charged him with aggravated robbery. She took no action against the retired officer. The law recognized what had occurred: a man defending his own home against armed intruders had done what the law permits. The shooting was justified.
The case unfolded against a backdrop of other violence that same weekend. Hours after the retired officer's confrontation, a city police officer named Carlos Pelozo, thirty-six years old, was driving his red Renault Sandero through Morón on Saturday morning with his son beside him. At the intersection of Los Criollos and Carapachay, his vehicle struck a motorcycle. The rider, José Luis Zárate—known as "Pitu"—was badly hurt and rushed to Haedo Institute. According to witnesses and people who knew the injured man, Pelozo left the scene.
Six hours later, Pelozo appeared at the Morón 4th Station, but without his car. He needed to return with the vehicle to complete the mandatory accident investigation procedures. When he came back to the station after retrieving it, relatives and friends of the injured motorcyclist recognized him. A fight erupted outside the police building. A group pursued him for ten blocks through the neighborhood streets.
Pelozo was detained for the homicide. The Internal Affairs division of the city police force suspended him pending the outcome of his legal proceedings. The charges would depend partly on how Zárate's condition evolved—whether he would survive his injuries or whether the case would become one of death. Prosecutor Courtade was investigating this incident as well, a separate thread in a weekend that had exposed the thin line between lawful self-defense and the chaos that erupts when that line is crossed.
Citas Notables
El jubilado logró tomar su pistola marca Taurus 1125 calibre 9 milímetros y forcejeó con los delincuentes. En ese contexto, disparó una vez y puso en fuga a los delincuentes.— Fuentes del caso