En las primeras horas del 29 de agosto, una carretera hondureña se convirtió en el escenario de una de las mayores interrupciones al tráfico de cocaína registradas en el año: 1,240 kilos ocultos en un camión cisterna, tres hombres detenidos y un cargamento que viajaba desde Colombia hacia el Cartel Jalisco Nueva Generación en México. El hallazgo, atribuido al Cartel del Atlántico, recuerda que Honduras sigue siendo un corredor vital en la geografía del narcotráfico continental, y que la presión sostenida sobre esas rutas —aunque difícil de medir en su impacto real— va acumulando peso propio.