En la quietud de un domingo por la mañana, las fuerzas de seguridad del estado de Sinaloa irrumpieron en una privada residencial de Culiacán para asegurar lo que la violencia organizada suele dejar como huella: casas convertidas en refugios, vehículos blindados como escudos y armas como lenguaje. El operativo del GOES en el sector Isla Musala no produjo detenidos, pero sí abrió una carpeta federal que buscará nombrar, con precisión jurídica, lo que la mañana apenas dejó entrever.