En una tarde de sábado en el corazón de Recoleta, una madre marcó el 911 para pedir auxilio: su hijo y un amigo, consumidos por las drogas y al borde de un brote psicótico, la habían encerrado en su propio hogar. Lo que siguió fue un recordatorio de cuánto puede desmoronarse el orden doméstico en cuestión de horas, y de la maquinaria silenciosa que la ciudad despliega para restaurarlo. Dos horas y media después, sin heridos, el edificio de Tomás de Anchorena volvía a ser un lugar ordinario.
Policía escaló edificio de Recoleta para entrar por ventana a piso 14 y controlar a dos hombres drogados
Una mujer adulta mayor fue encerrada en el departamento por los dos hombres y quedó atemorizada por el episodio, aunque resultó ilesa.