Personas viviendo en obras en construcción, soportando temperaturas muy bajas
En Gualeguaychú, las estadísticas de robos no revelan lo que los patrulleros ven cada noche: un ciclo silencioso de exclusión y reincidencia protagonizado por personas sin techo que delinquen por necesidad y regresan a la calle en menos de 48 horas por mandato legal. La policía advierte que la vulnerabilidad social ha crecido hasta convertirse en el verdadero motor de la inseguridad, mientras las estafas virtuales emergen como el delito de mayor expansión. Es una ciudad que enfrenta preguntas que ningún código penal puede responder por sí solo.
- Las mismas personas cometen los mismos delitos una y otra vez: la reincidencia revela un sistema atrapado en su propio límite, donde la detención máxima de 48 horas para delitos menores devuelve a los infractores a la calle antes de que el comerciante repare su puerta.
- El daño real supera al valor de lo robado: una caja registradora con pocos pesos puede costarle al comerciante una puerta destruida y una reparación onerosa, mientras los objetos sustraídos aparecen descartados a pocas cuadras.
- Un mercado paralelo de bienes robados a precios irrisorios sostiene el circuito delictivo, y mientras compradores dispuestos a no hacer preguntas existan, los incentivos para robar permanecerán intactos.
- Las estafas virtuales desplazaron a los robos callejeros como el delito de mayor crecimiento, causando daño económico significativo mediante engaños telefónicos, suplantación de identidad y maniobras para obtener claves bancarias.
- Personas en situación de calle viven en obras en construcción soportando temperaturas bajas, rechazan refugios disponibles y concentran la atención de una policía que también debe atender accidentes, violencia familiar y búsquedas de personas desaparecidas con recursos humanos finitos.
En Gualeguaychú, los números de robos y hurtos se mantienen dentro de los parámetros históricos. Pero Mauricio Asler, subjefe de la Jefatura Departamental de Policía, advierte que las estadísticas son frías: debajo de ellas crece una realidad más incómoda. La vulnerabilidad social avanza, y con ella, la reiteración de delitos cometidos por las mismas personas, casi siempre en situación de calle.
El patrón es siempre similar: roban, venden lo sustraído de inmediato, y cuando la policía llega a allanar ya no hay nada que recuperar. El comerciante queda con una puerta rota y un costo de reparación desproporcionado al valor de lo robado. Asler describió una ciudad dentro de la ciudad: personas viviendo en obras en construcción, en espacios públicos, soportando el frío del invierno y rechazando los refugios que se les ofrecen. Una situación que, reconoció, ya excede el alcance policial.
La reincidencia preocupa especialmente. Las cámaras y el trabajo de investigación permiten identificar rápidamente a los responsables, pero la legislación vigente limita la detención a 48 horas para delitos menores. Es lo que la gente llama entrar por una puerta y salir por la otra, explicó Asler, aunque aclaró que responde a lo que establece la ley. Un mercado paralelo de bienes robados vendidos a precios irrisorios completa el circuito y sostiene los incentivos para delinquir.
Mientras los robos callejeros concentran la atención pública, desde la Jefatura señalaron que el delito de mayor crecimiento es otro: las estafas virtuales. Engaños telefónicos, falsas promociones, suplantación de identidad y maniobras para obtener claves bancarias generan un daño económico muy grande y en constante expansión.
La policía atiende además accidentes, conflictos vecinales, violencia familiar y búsquedas de personas desaparecidas, todo con recursos finitos. Asler destacó el trabajo conjunto con el Consejo de Seguridad y la Dirección de Tránsito Municipal. Pero la pregunta que persiste es más amplia: qué pasa con la exclusión, la falta de contención y la crisis social que ninguna detención de 48 horas puede resolver.
En las calles de Gualeguaychú, la policía ve algo que las estadísticas no cuentan. Los números de robos y hurtos se mantienen dentro de los parámetros históricos, sin saltos alarmantes respecto a años anteriores. Pero quienes patrullan cada noche saben que hay otra historia debajo de esos guarismos: el mismo puñado de personas comete los mismos delitos una y otra vez, y detrás de casi todos ellos hay alguien sin techo, sin opciones, sin nada que perder.
Mauricio Asler, subjefe de la Jefatura Departamental de Policía, lo explicó con claridad. Las estadísticas son números fríos, dijo, pero el trabajo en la calle revela una realidad más incómoda: la vulnerabilidad social crece, y con ella, la reiteración de delitos cometidos por las mismas personas. La mayoría de los robos y hurtos involucran gente en situación de calle. Roban, venden lo sustraído casi de inmediato, y cuando la policía llega a allanar, ya no hay nada que recuperar. El comerciante queda con una puerta rota y un costo de reparación que puede ser enorme, mientras que los objetos robados aparecen descartados a pocas cuadras.
Lo que Asler describió durante la noche en un móvil policial es una ciudad dentro de la ciudad: personas viviendo en obras en construcción, en espacios públicos, en lugares totalmente precarios, soportando temperaturas muy bajas. Algunos incluso rechazan los refugios públicos que se les ofrecen. Es una situación social compleja, aclaró el funcionario, que ya no tiene que ver solamente con seguridad, sino con factores que están fuera del alcance policial. Cuando alguien sin nada que perder rompe la puerta de un comercio para llevarse una caja registradora con apenas unos pocos pesos, el daño que sufre el comerciante es desproporcionado al valor de lo robado.
La reincidencia preocupa especialmente. Gracias a cámaras de seguridad, testimonios y trabajo de investigación, la policía identifica rápidamente a los responsables. Pero aquí aparece un límite legal: una persona detenida por hurto, un delito menor, puede permanecer privada de libertad un máximo de 48 horas en la Jefatura antes de recuperar su libertad, a menos que existan circunstancias que justifiquen una medida más grave o una acumulación de causas que derive en condena efectiva. Es lo que la gente llama entrar por una puerta y salir por la otra, pero responde a lo que establece la legislación actual, explicó Asler.
Otro problema que complica la ecuación es el circuito de compra que alimenta estos delitos. Muchas personas adquieren bienes a precios irrisorios, sabiendo perfectamente que una bicicleta o una moto que vale mucho dinero se ofrece por una suma mínima, lo que permite presumir que proviene de un hecho ilícito. Ese mercado paralelo existe y funciona, y mientras funcione, los incentivos para robar seguirán ahí.
Aunque los robos callejeros concentran la atención pública, desde la Jefatura señalaron que el delito que más creció durante el último tiempo es otro: las estafas virtuales. El incremento ha sido muy importante. Las modalidades incluyen engaños telefónicos, falsas promociones, suplantación de identidad, publicaciones fraudulentas en redes sociales y maniobras destinadas a obtener claves bancarias o datos personales. El daño económico es muy grande.
Mientras tanto, la policía atiende también accidentes de tránsito con personas lesionadas, protocolos de salud mental, conflictos vecinales, violencia familiar y búsquedas de personas desaparecidas, especialmente menores de edad o personas muy mayores. Todo esto con un recurso humano finito. Asler destacó el funcionamiento conjunto con el Consejo de Seguridad y la Dirección de Tránsito Municipal, además de la colaboración de los vecinos que realizan denuncias.
Lo que queda claro es que el conflicto social en Gualeguaychú está atravesado por la crisis, la exclusión, la falta de contención y la vulnerabilidad. Es un escenario cada vez más visible en las calles, y plantea desafíos que difícilmente puedan resolverse únicamente desde el ámbito punitivo. La policía hace su trabajo. La justicia aplica la ley. Pero la pregunta que flota en el aire es qué pasa con todo lo demás.
Notable Quotes
Las estadísticas son números fríos que por ahí a la gente que sufrió un delito no la convencen mucho, pero a nosotros nos sirven para evaluar cómo estamos en materia de seguridad— Mauricio Asler, subjefe de la Jefatura Departamental de Policía
Hay una situación social compleja que ya no tiene que ver con la seguridad, sino con muchos otros factores que son ajenos a nosotros— Mauricio Asler
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la policía insiste en que los números no suben si dice que hay un problema?
Porque el problema no es que haya más delitos en términos absolutos. Es que los mismos delincuentes cometen los mismos delitos una y otra vez. Las estadísticas generales pueden verse estables, pero la realidad que vive un comerciante que es robado tres veces en un mes es completamente diferente.
¿Y por qué no pueden simplemente detener a estas personas más tiempo?
Porque la ley dice 48 horas máximo para delitos menores como un hurto. A menos que se acumulen causas o haya circunstancias especiales, tienen que soltarlos. Es un límite legal, no una falla policial.
Entonces, ¿cuál es el verdadero problema aquí?
Que la gente sin techo roba porque necesita comer, vende lo robado inmediatamente, y vuelve a robar. La policía ve a personas viviendo en obras en construcción con temperaturas bajo cero. Eso no se resuelve con más patrullas.
¿Y las estafas virtuales? ¿Eso también está conectado con la pobreza?
No, eso es diferente. Las estafas virtuales crecieron mucho y generan daño económico grande. Son engaños telefónicos, suplantación de identidad, falsas promociones. Es otro tipo de delito que está ganando terreno.
¿Qué falta entonces?
Contención. Refugios que la gente realmente use. Trabajo. Opciones. La policía lo sabe. Por eso Asler dijo que esto no se resuelve únicamente desde lo punitivo. Se necesita algo más.