Pobreza energética en Colombia cae al 20,6 %: 641.000 personas superan esta condición

Más de 4 millones de colombianos aún viven en situación de pobreza energética, limitando su acceso a servicios básicos, educación digital y oportunidades de desarrollo.
La energía es un habilitador de derechos fundamentales
El nuevo enfoque de medición incorpora conectividad digital, vivienda y equipamiento, no solo acceso a electricidad.

En Colombia, más de 640.000 personas cruzaron en 2025 el umbral de la pobreza energética, un avance que el país mide ahora no solo en watts sino en conectividad, vivienda y posibilidad de aprender. El descenso de 1,7 puntos porcentuales en el índice nacional es real, pero el mapa sigue revelando una nación fracturada: mientras algunas regiones avanzan, comunidades enteras en La Guajira y la Amazonía permanecen atrapadas en una privación que acorta horizontes. El progreso, cuando es desigual, también es una forma de urgencia.

  • Más de cuatro millones de colombianos siguen sin acceso pleno a servicios energéticos básicos, lo que restringe su educación, salud y movilidad social.
  • La brecha regional es alarmante: Cumaribo y Uribia superan el 59% de incidencia, mientras la región Central ya está por debajo del 20%, como si habitaran países distintos.
  • El mayor cuello de botella ya no es la luz eléctrica sino la conectividad digital, que explica el 60,3% del problema nacional y deja a millones fuera de la economía del conocimiento.
  • La región Caribe protagonizó el avance más notable del año, con Sucre y Magdalena liderando reducciones que demuestran que la inversión focalizada produce resultados medibles.
  • El gobierno apunta ahora a los municipios del norte y la Amazonía como el próximo frente prioritario, armado con un índice multidimensional que permite hacer política pública con mayor precisión.

Colombia registró en 2025 una caída de 1,7 puntos porcentuales en su Índice de Pobreza Energética Multidimensional, pasando de 22,3% a 20,6%. Traducido en personas, 227.532 hogares —cerca de 641.640 colombianos— salieron de esta condición. Es un avance medible, pero el progreso no se distribuye de manera uniforme sobre el territorio.

La Amazonía-Orinoquía concentra la mayor incidencia con 30,3% de sus hogares afectados, y el Caribe alcanza el 26,4%, equivalente a casi 937.000 familias. En contraste, solo la región Central ha logrado bajar del 20%. El caso más grave sigue siendo La Guajira, donde el 41,55% de los hogares permanece en pobreza energética; en municipios como Uribia y Cumaribo, la cifra supera el 59%. Estas no son estadísticas abstractas: son comunidades donde la privación energética cierra puertas a la educación, la salud y el desarrollo.

Tan relevante como los números es la forma en que Colombia ha redefinido el problema. La pobreza energética ya no se mide solo por acceso a electricidad: el índice incorpora internet, tecnologías de información, equipamiento del hogar y combustibles para cocinar. Bajo esta mirada más amplia, el 60,3% del déficit nacional proviene de la dimensión digital —la incapacidad de aprender y comunicarse— y otro 25,1% de las condiciones estructurales de la vivienda.

El ministro Edwin Palma subrayó que esta medición permite focalizar la inversión donde las brechas son más profundas. La meta declarada es que ningún colombiano vea truncado su proyecto de vida por falta de energía accesible y confiable. Con más de cuatro millones de personas aún en esta situación, los municipios del norte y la Amazonía marcan el próximo horizonte de acción.

Colombia acaba de registrar un avance medible en la batalla contra la pobreza energética. Según el Índice de Pobreza Energética Multidimensional, la cifra nacional bajó de 22,3 por ciento a 20,6 por ciento, una caída de 1,7 puntos porcentuales que en términos humanos significa que 227.532 hogares salieron de esta condición. Tomando el tamaño promedio de hogar que calcula el Dane—2,82 personas por vivienda—eso representa 641.640 colombianos que ahora tienen acceso a servicios energéticos que antes les faltaban.

Pero el progreso no es uniforme. El mapa de Colombia sigue mostrando fracturas profundas. La Amazonía-Orinoquía concentra la mayor incidencia con 30,3 por ciento de sus hogares en pobreza energética, afectando a unos 157.577 hogares. El Caribe, con 26,4 por ciento, alcanza a casi 937.000 hogares. Solo la región Central ha logrado mantener la incidencia por debajo del 20 por ciento, en 19,2 por ciento. Dentro de esta geografía desigual, el Caribe emerge como la historia de mayor avance: sus departamentos redujeron el indicador en un promedio de 2,24 puntos porcentuales cada uno, con Sucre y Magdalena liderando la mejora.

Los puntos críticos, sin embargo, siguen siendo alarmantes. En La Guajira, el departamento más afectado del país, 41,55 por ciento de los hogares permanecen en pobreza energética. Dentro de sus municipios, Uribia alcanza 59,48 por ciento, Manaure 57,20 por ciento y Dibulla 53,56 por ciento. En la Amazonía, Cumaribo en el Vichada registra 59,72 por ciento de incidencia, mientras que Cacahual y La Guadalupe en Guainía rondan el 54 por ciento. Estos no son números abstractos: representan comunidades donde la privación energética limita el acceso a educación, salud, comunicación y oportunidades básicas.

Lo que ha cambiado en cómo se mide el problema es tan importante como los números mismos. La pobreza energética dejó de entenderse únicamente como falta de electricidad. Ahora el indicador incorpora acceso a internet, tecnologías de la información, equipamiento básico del hogar, condiciones de la vivienda y tipos de combustibles para cocinar. Esta visión más amplia revela dónde está realmente el cuello de botella: 60,3 por ciento del problema nacional proviene de la dimensión "aprender y comunicarse", es decir, la falta de conectividad digital y acceso a recursos de información. La vivienda funcional—las condiciones estructurales y el equipamiento interno—representa otro 25,1 por ciento del obstáculo.

El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, enfatizó que esta medición permite hacer política pública con precisión, identificando dónde están las mayores brechas y dónde concentrar inversión. El propósito declarado es claro: que ningún colombiano vea limitado su proyecto de vida por falta de acceso a servicios energéticos seguros, confiables y asequibles. Pero con más de cuatro millones de colombianos aún viviendo en pobreza energética, el camino por recorrer sigue siendo largo. Los municipios del norte y la Amazonía, donde la incidencia supera el 50 por ciento en varios casos, representan el próximo frente de concentración de recursos.

Medir la pobreza energética nos permite hacer política pública con precisión. Hoy sabemos dónde están las mayores brechas y dónde debemos seguir concentrando la inversión pública.
— Edwin Palma, ministro de Minas y Energía
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué importa que la pobreza energética haya bajado 1,7 puntos porcentuales? Parece un número pequeño.

Model

Porque representa 641.640 personas reales. Pero tienes razón en que el número es pequeño comparado con lo que falta. Aún hay más de cuatro millones de colombianos sin acceso adecuado.

Inventor

¿Y por qué el Caribe mejoró tanto mientras la Amazonía sigue estancada?

Model

El Caribe tiene ciudades grandes, infraestructura más consolidada, más inversión histórica. La Amazonía es dispersa, remota, con menos presencia estatal. Es más fácil llegar a 10 millones de personas concentradas que a 300.000 esparcidas en selva.

Inventor

Mencionas que 60 por ciento del problema es conectividad digital. ¿Eso significa que la electricidad ya no es el problema principal?

Model

No exactamente. Significa que tener un cable de luz no sirve de mucho si no puedes conectarte a internet, si tu casa no tiene refrigerador, si cocinas con leña. La energía es un habilitador. Sin ella, no accedes a educación, no trabajas remotamente, no te comunicas.

Inventor

¿Cumaribo en el Vichada tiene 59,72 por ciento de pobreza energética. ¿Qué significa eso en la práctica?

Model

Significa que casi seis de cada diez hogares allí viven sin acceso confiable a servicios energéticos básicos. Los niños no pueden estudiar de noche. Los adultos no pueden trabajar en empleos que requieran conectividad. Es aislamiento económico y social.

Inventor

¿El gobierno tiene un plan para esos municipios específicos?

Model

El ministro dice que ahora saben dónde están las brechas y dónde concentrar inversión. Pero el informe no detalla un plan específico. Solo identifica el problema con precisión.

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